sábado, 25 de agosto de 2012

SOBRE EL OLVIDO COMO DIMENSIÓN AFECTIVA DEL ETHOS EN LA DESCRIPCIÓN DE LA CULTURA COLOMBIANA



Fotografía: Arco Selas, 2009.

Sobre el olvido como dimensión afectiva del ethos en
 la descripción de la cultura colombiana
 José Horacio Rosales Cueva

Tomado de: Rosales Cueva, José Horacio. Représentations de la culture de soi et de la culture de l’autre dans le discours éducatif universitaire en Colombie. Analyse sémiotique. Tesis doctoral. Dirección de Jacques Fontanille. Limoges: Universidad de Limoges, Centro de Investigaciones Semióticas CeReS, 2006, capítulo 7.5 (traducción de Jimmi Fortuna).


7.5. El olvido

7.5.1 El olvido de los colombianos

El lugar entre el olvido y la inmediatez, como trazos dominantes en la descripción de la propia cultura (colombiana), está presente en el corpus:

[Sonia, 24 años, estudiante de  licenciatura en lenguas]: La siguiente es una visión personal de la cultura en Colombia […] que pone de manifiesto de las características más constantes en nuestra cultura como son la inmediatez y la falta de memoria o la amnesia selectiva.

La memoria es un proceso abierto de reinterpretación del pasado que debe ser considerado como parte de la narrativa actual de las sociedades, de las culturas y de sus individuos.[1] La memoria que evoca el pasado no es la celebración o la conmemoración de hechos cumplidos, sino la explicación de lo que los actores y las individualidades han hecho de ellos. Ella ayuda a comprender los motivos de las violencias y los trazos positivos del universo cultural Colombia y su importancia, como memoria colectiva, está señalada en el texto del profesor Ciro, que evoca, igualmente, el vínculo con la formación política de los ciudadanos:

[Ciro, 55 años, profesor de español y de educación] Cuando hablamos de nosotros mismos, no nos aceptamos como descendientes de los sugamutsi o de los ancestros indígenas de lo que es hoy Bogotá… Nosotros deseamos ser blancos, ser europeos. Esto no es más que el sello dejado por la discriminación heredada de los colonizadores y evangelizadores. Para ellos, nosotros los indígenas éramos unos salvajes que debían ser convertidos y los negros eran animales desprovistos de alma… A mi parecer, la formación ciudadana de nuestros jóvenes estudiantes depende mucho de la toma de consciencia fundada en una mirada a nuestra Historia…

La formación de las competencias de los sujetos, de la gente joven, carece del conocimiento de la experiencia común a todos en la cultura. Las formas de actualización de la memoria en la cultura colombiana (como explican los textos de Sonia, de Ciro y de otros tres profesores) son muy frágiles y dan una imagen muy pobre de la experiencia tomada como un referente en la construcción de la identidad de los miembros de una comunidad.

La descripción de la cultura y de su formación a través del tiempo evidencia,  en el corpus, ciertas contrariedades y ciertos olvidos. La mezcla, como base de la estrategia descriptiva de los textos, conlleva a asimilaciones, a homogenizaciones de la diversidad, a ver estereotipos y simplificaciones de la comprensión inmediata del mundo cultural, mundo que hoy es tomado de una forma práctica, a la par de un tempo acelerado. Ya se ha indicado que los textos que abordan la historia de la cultura colombiana presentan una dilatación entre la época de la conquista y la colonia y el siglo XX. El período de la esclavitud y de la aculturación de la Nueva Granada sólo es mencionado para señalar las huellas dejadas por estos acontecimientos en el mestizaje y la hibridación cultural. De tal manera, la época precolombina y la época de la colonia son evocadas muy sucintamente. En ocasiones, los tiempos de la Independencia son mencionados, pero sin la presencia de comentarios, narraciones o descripciones detalladas sobre las diferentes facetas de dichos sucesos. Todo esto es visto como algo que queda en la memoria y que pasa a ser parte, de forma natural, de la descripción de la cultura.


Las implicaciones éticas del olvido y de la inmediatez y de la falta de previsión ante el futuro son también abordadas en los textos como una característica esencial de la cultura colombiana y, más específicamente, de los colombianos:

[Sonia, 24 años, estudiante de  licenciatura en lenguas]: Otro de los aspectos presentes en nuestra cultura es la falta de memoria, poseemos la capacidad de olvido inmediato, y por ello no dimensionamos en forma adecuada cada uno de los sucesos determinantes en nuestro que hacer diario, pues antes de analizar las causas y las consecuencias de cada uno de ellos, ya los hemos olvidado.

Los profesores hicieron referencia a este fenómeno del olvido remarcando que se trata, en muchos casos, de algo intencional, ya que los colombianos de hoy están confrontados a los duros retos de la pobreza y de la violencia.

7.5.2 El olvido como dispositivo pasional

El olvido, que también es una respuesta del sujeto patémico para resolver el suceso disfórico de la vergüenza, remite a varias isotopías: aquella de la irresponsabilidad (la espera de un milagro para que todo salga bien en la vida), aquella del racismo colombiano y la de la heteronomía de la competencia ciudadana de los colombianos:

[Ciro, 55 años, profesor de español y de educación]: Y ese racismo es heredado de Europa. Y nuestra irresponsabilidad en ello está en nuestra extraordinaria capacidad de olvido. La irresponsabilidad del colombiano también tiene mucho que ver con esperar en la divinidad y no construir por sí mismo. El colombiano espera soluciones mesiánicas. Es lo que llamo inmadurez.

De igual forma que en ocho textos de otros informantes, en éste, el problema ligado a la ausencia o al rechazo de un esfuerzo de memoria de los colombianos es tratado con más profundidad:

[Ciro, 55 años, profesor de español y de educación]: El colombiano ha olvidado la Guerra de los mil días. Los europeos recuerdan siempre sus guerras y ellos viven constantemente su historia que hace parte de sus raíces. Nosotros no, todo lo que nosotros hacemos es repetir los mismos vicios, los mismos errores, las mismas guerras de independencia que se convierten luego en guerra de bandas, de liberales y conservadores. En suma, son guerras de intrigas y de bandas que no recuerdan su pasado y que no se interesan por el otro, por nadie. Todo lo que cuenta para ellos, es sobrevivir no importa a qué precio, al detrimento de otros. Así es que se originan las guerras entre los narcotraficantes, los paramilitares y la armada, hasta llegar a la guerra que nos mezcla a todos, a los que han olvidado que en las guerras del pasado ha habido también secuestros, saqueos. El colombiano olvida para no afrontar su realidad, con el fin de no verse obligado a resolver alguna cosa que, cada día, se arraiga cada día más y se convierte en su forma de vida… el colombiano es un individuo fugitivo, una persona que evade la realidad y que tiende a olvidar. Él olvida intencionalmente, él no quiere recordar para no sufrir y a causa de este olvido él comente siempre los mismos errores… él vive el día a día sin analizar lo vivido. Esto hace del colombiano un ser egoísta y evasivo con su propia realidad social.

Se ha constatado que la descripción de la cultura se construye sobre una caracterización de los comportamientos tipificados de sus actores. El olvido aparece, entonces, según el texto de Ciro, como una estrategia problemática en el interior de la cultura. Si el olvido es necesario en tanto que filtro de la memoria que debe preservar el recuerdo significativo de las experiencias y de lo que es útil en la vida de la gente, el exceso de olvido más o menos voluntario del pasado lejano o reciente es evaluado en los enunciados como indiferencia, como una despreocupación que afecta la dimensión ética de los actores. El olvido, como estrategia del sujeto para dejar de lado lo que le produce preocupación u otro sentimiento disfórico, se convierte en una operación paradójica de ayuda en la resolución de problemas cotidianos. Esto debido denota un “hacer tabla rasa del pasado” sin problematizarlo y trae ciertas consecuencias, como la violencia. En efecto, olvidar lo vivido vuelve a producir las mismas situaciones del pasado que debieron haber dejado un aprendizaje con el fin de prever mejor y determinar las respuestas acordes con la responsabilidad.

El sujeto  patémico, caracterizado por el no querer mirar de nuevo lo que causa su estado disfórico, renuncia al recuerdo de la experiencia. Sin embargo, el recuerdo disfórico es intenso y el esfuerzo por olvidar es importante. Pero, en el caso de los actores sociales de los que hablan los textos, no hay recuerdos personales dolorosos y recientes. Se trata más de una memoria colectiva, donde los hechos lejanos tocan más o menos cada individuo. De esta forma, regresa la idea de un deseo de olvidar porque no se conoce la importancia de los recuerdos comunes y porque olvidar es, de cualquier manera, un deber y una preocupación menos en la carga cotidiana de sobrevivir o en goce inmediato de la vida.

En algunos textos del corpus, la justificación dada a tal comportamiento tiende al hecho de que el colombiano debe olvidar, pues la violencia se encarniza con él, ella es repetitiva, constante. Él debe olvidar, ya que en su caso la memoria no equivale a tomar una distancia reflexiva en relación a las vivencias del pasado, pero sí a un recrudecimiento del sufrimiento soportado por el colombiano. Es así que, como en la mayoría de las isotopías describen la cultura colombiana, el olvido es una figura que reúne en sí los sentidos opuestos o incompatibles: la evasión del sufrimiento y la repetición del error que es la base de este sufrimiento. En cierto sentido, la instancia de enunciación en el texto de Ciro juzga negativamente el olvido; pero, al mismo tiempo, nos muestra que, para ciertos actores de la cultura colombiana, este olvido puede ser necesario para superar los riesgos de la vida violenta que caracteriza su universo sociocultural.

En la configuración de las competencias ciudadanas de los actores de la cultura colombiana (suponiendo que conocen el pasado colectivo y hacen del recuerdo una referencia de identidad), el olvido se convierte en un no querer saber. Esto explica que sus componentes sean insuficientes para proceder, pues además de querer hacer de forma autónoma, debe querer saber y saber lo que se encuentra en las raíces de la identidad cultural. Este olvido trae, al interior de la vida social, la aparición de los problemas que quedan insolubles, de las guerras permanentes entre sujetos egoístas e incapaces de actuar de manera responsable. Los actores no están dotados de una capacidad de reflexión donde la debilidad reside en un aprendizaje incompleto [2], inacabado, en perpetua construcción. Ahora bien, la cultura colombiana siempre parece estar en una fase incoativa: todo está siempre a punto de volver a comenzar, pues el olvido borra todo lo que debería quedar inscrito en la memoria. La irresponsabilidad aparece como consecuencia de la falta de sincronización entre los tiempos de dos mundos confrontados: [3] el de las soluciones inmediatas para garantizar la supervivencia y el de la acción reflexiva y fundada en la memoria como guía de los actos.

7.5.3. El olvido: fenómeno mediatizado en Colombia  

En los medios de comunicación y en el medio educativo institucional, la representación de la historia colectiva es construida también en medio de lugares comunes y de citaciones fuera de contexto, lo que es criticado en ciertos textos del corpus. En los mensajes mediatizados, no existe un espacio para una recuperación de la historia, tampoco para un trabajo de memoria. En 13% del corpus, los mensajes de los medios son considerados como un actor determinante del objeto “cultura colombiana” y son mencionados por la instancia de un discurso con el fin de señalar la banalidad y la cultura de lo inmediato de los colombianos. Estos dos aspectos son comunes en la mayor parte de las sociedades occidentales donde “la hyperrealización” de la realidad seduce al señor todo-el-mundo.[4] Los mensajes de los medios hacen parte de esta estrategia inmediata de la cultura que consiste en aplazar la búsqueda y la reflexión, el análisis y la argumentación. Ciertos textos de los estudiantes y de los profesores coinciden con la idea de Jesús Martín Barbero [5], quien afirma que en la cultura colombiana, los medios se dedican a la fabricación de mensajes banales y de un presente “autista” [6].

[Luz, 23 años, estudiante de  licenciatura en inglés]: Existen además otros factores que influyen en la mentalidad pobre de los colombianos como por ejemplo los medios de comunicación del país que poseen un sinnúmero de programas de baja calidad educativa, y que por lo contrario tienen un alto contenido de violencia, sexo, sensacionalismo, etc. Como respuesta a ello los colombianos han caído en un estado en el que lo más importante del día para ellos es saber lo que sucedió en protagonistas de novela, o si ganó Paola Andrea o Mónica, es como si tuvieran una venda en los ojos que no les deja ver lo que está sucediendo en el país y en el mundo.

En estos medios masivos, la referencia a la historia no es más que un ornamento para colorear el presente con la moda de la nostalgia. El pasado, entonces, no hace parte de la memoria, es una mezcla de hechos, sensibilidades, estilos, hechos aislados, no importa de qué época, sin ningún análisis a profundidad de los sucesos. Este fenómeno social no permite a los actores de la cultura adquirir competencias modales con el fin de responder a dos tipos de problemáticas: a) la reflexión y la crítica de la “transparencia” y de la practicidad del sentido común; b) la participación en la construcción de una identidad cultural sobre un trabajo de reflexión y de memoria. Esta forma de proceder dominada por el valor de lo inmediato se reproduce en el espacio de formación universitaria de los educadores y explica, en cierto sentido, el comportamiento del practicante docente que nosotros hemos abordado durante la descripción del sentido común. (Cf. Capítulo II, “El sentido común como instancia de enunciación discursiva”).

El no poder se sustrae a las obligaciones lógicas y a la seriedad común en un espacio académico, lo que encuentra una explicación en el texto de Leonor:

[Leonor, 39 años, profesora de español]: La universidad colombiana propone un pensum y la formación correspondiente; pero, no ofrece al estudiante otras alternativas de enriquecimiento cultural y contextual. Es por esto que nuestros diplomas son de buenos técnicos o de buenos especialistas en cierto campo del conocimiento. Sin embargo, tienen lagunas profundas en el nivel de la cultura colombiana y universal. Ellos conocen mal sus potencialidades porque no han tenido el suficiente espacio para descubrirlas y desarrollarlas a plenitud como seres humanos capaces de poner en cuestión (de forma crítica) sin tener ese sentimiento de culpabilidad heredada. Está en el educador ayudar al estudiante a superar sus insuficiencias; pero, cosa curiosa, un gran número de estudiantes teniendo ese género de lagunas, continúan los programas de formación de profesores de nuestras universidades… ellos serán, es seguro, en su momento, los educadores que tomarán las vías fáciles y las repetirán en las universidades.

Estas lagunas profundas contribuyen, en la práctica docente, a la reproducción del olvido y a la legitimación de los valores asociados a un sentido común como ciertas afirmaciones sexistas y racistas (mata a un negro y reclama y yo-yo) o endogámicas (la Universidad Industrial de Santander para los santandereanos solamente). Dichas lagunas son, de igual forma, la base de las diferencias sociales, las desigualdades económicas, las justificaciones de favoritismos y la consolidación de estructuras jerárquicas [7].

La inmediatez complementa al olvido. Ella aparece como uno de los aspectos dominantes en la descripción de la cultura colombiana. En los textos de los estudiantes, ella es descrita como algo que impide el desarrollo de la cultura y de la sociedad. Si la capacidad de respuesta inmediata de los colombianos es, en ocasiones, juzgada positivamente (ellos se desarrollan para sobrevivir cotidianamente), ella plantea el problema del porvenir, pues los actores y las instituciones del país no son capaces de hacer una evaluación de previsión y de desarrollo a largo plazo de los proyectos importantes y sólidos, todo esto en afras del respeto a una ética de base y a una memoria colectiva:

[Nelson, 20 años, estudiante de  licenciatura en español y literatura]: Nuestros problemas de atraso [8] científico vienen de ahí, de esa forma de colonización. Ahora, hay más interés por llevar el país hacia un cambio; pero esa voluntad no debe ser momentánea, como pasa siempre con todos los proyectos educativos, sociales, políticos y en los medios de comunicación nacionales, esos proyectos no se mantienen y no hay compromiso de las instituciones, ni de todos para desarrollarlos a largo plazo.

Existe, pues, una oposición entre lo inmediato y el largo plazo que es juzgado como eficaz para cambiar el estado actual de la cultura. En este estado cultural disparatado, parece imposible esperar soluciones, el desarrollo social y una modernidad que avanza lentamente.




[1] Según Ricœur, la memoria es la facultad que modela la identidad de los seres humanos tanto personal (individual) como colectivamente. Cf. RICŒUR Paul. La mémoire, l’histoire, l’oubli. Paris: Seuil, 2000.
[2] El aprendizaje significativo consiste en adquirir nuevos conocimientos modificando la estructura cognitiva, suma total de las adquisiciones del sujeto, y en relacionar los elementos nuevos a los ya adquiridos. El papel de la memoria es determinante. El aprendizaje significativo permite al sujeto resolver nuevas situaciones problemáticas a partir de la adecuación de los “métodos” y de los conocimientos ya demostrados y validados anteriormente. Las experiencias puestas en reflexión y las estrategias metacognitivas quedan en la memoria y están dispuestas como un arsenal inteligente de recursos para afrontar la interpretación y la respuesta a problemáticas cotidianas.
[3] FONTANILLE, Les régimes temporels dans les Illusions perdues, op. cit., p. 13.
[4] [Camila, 18 años, estudiante de  licenciatura en educación básica]: “Otra sorpresa en la encuesta es la devoción de los colombianos por la radio. De allí se deduce lo otro, con las descansadas excepciones de media docena de emisoras culturales, es eco del mismo ruido misérrimo. Recicla músicas atrabiliarias día y noche. Y entre cuñas nos ilustra sobre las costumbres sexuales de los protagonistas de la telenovela de moda, sus menstruaciones retrasadas, sus divorcios deprimentes y los berrinches y las borracheras de nuestros deportistas. Si aparece la alegría del hallazgo de un técnico, la gloria de un artista, es por fuerza mayor. Porque han muerto. O se ganaron un premio en oro. Con la justificación falaz de que la gente ama su mediocridad y necesita que la diviertan y envenenen, no que la despierten y eleven. Pero el mismo día de la publicación de los resultados de la encuesta sobre nuestra deshonrosa situación cultural].”
[5] BARBERO Jesús Martín. « Medios: olvidos y desmemorias » en Revista Numero. La revista de las culturas, No. 24. [En Línea] Disponible en : (Page consultée le 25 mars 2005).
[6] BARBERO, op. cit.
[7] Estas afirmaciones de los profesores (Aníbal, Leonor, Ludy, etc.) coinciden con los argumentos sobre el mismo tema en HERRERA Martha Cecilia, Raúl Infante ACEVEDO, Alexis PINILLA DÍAZ, Carlos DÍAZ SOLER. La construcción de la cultura política en Colombia. Proyectos hegemónicos y resistencias culturales. Santa Fe de Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional, 2005, p. 71.
[8] [Mario, 17 años, estudiante de  licenciatura en inglés.]: “… llevamos cerca de 80 años de retraso y por consiguiente somos un país subdesarrollado.”



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