martes, 21 de agosto de 2012

POTENCIALIZACIÓN DEL ESQUEMA POLÉMICO EN "AGITADA POR DOS VIENTOS"


                                                               Arco Selas. Dos vientos (detalle). París, 2006.

POTENCIALIZACIÓN DEL ESQUEMA POLÉMICO EN "AGITADA POR DOS VIENTOS"
 Rafael A. Chico Quintana
rafachicoquintana@yahoo.es

En el presente texto, se pretende analizar desde un enfoque semiótico el componente lingüístico del aria Agitata da due venti del compositor Antonio Vivaldi. Cabe advertir, antes de iniciar la exposición, que se trabaja con una traducción y no sobre el original en italiano. Las razones de ello derivan de la propia competencia lingüística del analista. La traducción fue suministrada por José Horacio Rosales, quién es profesor asociado de la Universidad Industrial de Santander y coordinador del postgrado en Maestría en Semiótica de esta misma universidad. El presente escrito deriva de uno de los ejercicios de análisis que fueron programados por este mismo profesor durante el primer semestre de la maestría.
En líneas generales, aquí se procederá intentando trazar un recorrido interpretativo partiendo de las figuraciones del discurso hasta llegar al nivel lógico fundamental del sistema axiológico. Dado esto, se propondrán algunas conclusiones en torno a la intencionalidad del discurso en relación a su función dentro de la práctica social artística.
Iniciar análisis exige abocar las manifestaciones más evidentes del texto; vía que, dada la naturaleza poética del texto, conlleva a una primera lectura interpretativa. En efecto, el texto, compuesto de ocho versos, desde lo puramente literal, obliga a realizar un corte en dos grupos de cuatro, pues, aparentemente, parecieran remitir a situaciones no relacionadas. Los primeros cuatro describirían la situación de angustia frente al peligro de naufragio en altamar: “tiembla la ola en el mar turbulento/y el timonel asustado/aguarda ya el naufragio”. Los cuatro segundos enunciarían la angustia derivada de tener que decidir entre dos valores: el amor y la responsabilidad: “Por deber y por amor/está invadido este corazón”. Gracias a este corte, es factible hacer dos operaciones. La primera, establecer un listado de figuraciones particulares a cada grupo, la segunda de reducción comparativa entre los dos grupos.

Iniciando por la identificación, se tiene que, para el grupo que remite a la angustia del naufragio, se identifican las figuras del timonel como gobernante de la nave, los dos vientos –presumiblemente  opuestos –el mar como lugar de la amenaza, la nave como lugar amenazado, el naufragio como consecuencia no deseada y, por presuposición lógica, el librarse del peligro. Para el segundo grupo se tienen el corazón, metonímicamente interpretable como representación del sujeto envuelto en el dilema de la decisión trágica; el amor, como primera fuerza influyente sobre la voluntad del sujeto; el deber, como segunda fuerza; la voluntad del sujeto, como ámbito tensionado por las dos anteriores; un estado emocional angustiado que dimensiona la crisis; un posible ser amado que anima la primera fuerza; y, por último, un algo exigido por la segunda fuerza.[i]
Siendo el texto del aria un sistema semiótico –ello reconocible por las marcas de intencionalidad (rima, organización en estrofas, etc.) –es válido respetar su presumible unidad semántica. Siendo así, las homologaciones entre figuras llevarían a conexiones de uno a uno, basándose en rasgos compartidos. La reducción daría como resultado: un actor embargado por la angustia, figurativizado por la metáfora del timonel y la metonimia “este corazón”, ello porque ambas comparten la imperativa de la decisión y la angustia frente al zozobrar: “y el timonel asustado/aguarda ya el naufragio” (grupo 1) y “no puede resistir ni ceder/y comienza a desesperar” (grupo 2). Dos actores contrapuestos que demandan simultáneamente una decisión, figurativizados por la imagen poética de los dos vientos en el primer grupo y, lexicalizados, por los abstractos amor y deber, en el segundo. Un ámbito de la experiencia angustiada, abarcando las figuras de la nave y de la sensibilidad del actor. Un segundo ámbito identificable con las figuras de la mar turbulenta y la experiencia de la sensibilidad angustiada.
Estas figuraciones compondrían dos estructuras, donde el actor embargado por la angustia se articularía sincretizado como sujeto de hacer y sujeto de estado y donde los actores deber y amor operarían sobre él como sujetos manipuladores y judicadores.
Ahora bien, es posible operar una reducción más, esta vez no por homologación, sino por complementariedad entre estos programas narrativos. Considérese que la conjunción demanda por el sujeto manipulador amor, entraría en presuposición recíproca con la negación del programa demandado por el sujeto manipulador deber y viceversa. Dada esta mutua exclusión, que el mismo texto expresa como: “Por deber y por amor/está invadido este corazón; /no puede resistir ni ceder/y comienza a desesperar.” Se notará que la contraposición implicada en los predicados ceder y resistir aluden al dilema ceder ante la pasión amorosa y el resistir frente a ella en favor de un comportamiento políticamente correcto (el deber). Lo anterior permitiría reconstruir los dos programas narrativos compartiendo un objeto, frente al cual los manipuladores conminarían ora a conjuntarse, ora a disjuntarse: 
1. Ham{Sam→H[S1→(S2∩Oam)]}, para la exigencia del sujeto amor (=Sam), que manipula a un sujeto de hacer (=S1) sincretizado con un sujeto de estado (=S2), conminándolo a conjuntarse con un objeto de valor ser amado (Oam).
   2. Hdb{Sdb→H[S1→(S2∪Oam)]}Un sujeto deber (=Sdb), manipula a un sujeto de hacer (=S1) sincretizado con un sujeto de estado (=S2), conminándolo a no-conjuntarse con el objeto de valor ser amado (Oam).   
  Como se dijo antes, estos programas se contraponen, porque cada uno presupone la negación del otro para su realización. Ello hace pensar en una permanencia potencial no realizada de los mismos, ya que, según dice el texto: “Por deber y por amor/está invadido este corazón; /no puede resistir ni ceder/y comienza a desesperar”. El sujeto explicita su no poder-hacer, encontrarse impedido de optar por la realización de alguno de los programas. La razón es enunciada como un doble compromiso, doble valoración frente a sistemas con igual jerarquía, y ello entraña una paradoja, pues hablar de una incompetencia pragmática es aceptar que deriva de no carecer de ella. En su doble compromiso, el sujeto muestra poseer lo necesario para decidir: adhesión. El problema radica en que esa adhesión es compartida y la incompatibilidad se torna irreductible. Se tendría, pues, un esquema narrativo polémico, donde el sujeto se convierte en antisujeto de sí mismo, dada la escisión de su voluntad, los actantes amor y deber siendo manipuladores, pero, a la vez judicadores, ya que el hacer del sujeto acarrearía sanciones específicas, inferibles del texto: optar por el deber implica ser sancionado con la pérdida del objeto amado y, viceversa, conjuntarse con el objeto amado acarrea la sanción negativa a su proceder, lo que supone una perdida de sus estatus de validez como actor políticamente correcto.[ii]

El esquema exhibe menos un recorrido que una tensión. De hecho, no es posible proponer un cambio de estado, dicha trasformación echaría por tierra mucho de la intencionalidad del discurso, el cual apuesta por el sostenimiento de la tensión dramática; hecho que se inscribe dentro de un conjunto de prácticas sociales –asunto del cual se hará mención más adelante. Lanzando una proposición, algo arriesgada, se diría que todo el sistema lo determina un enunciado de estado que se mantiene intacto y a trasfondo. Un enunciado de conjunción entre el sujeto de la experiencia y el doble compromiso; este último en calidad de objeto y que el discurso figurativiza con la imposibilidad de tomar una decisión: “no puede resistir ni ceder/y comienza a desesperar”. .
Si alguno de los sistemas gozara de mayor estima (adhesión) que el otro o si ambos carecieran de la misma, habría inexistencia de la experiencia del sujeto y el esquema carecería de sentido. La conjunción define no sólo al sujeto, también dimensiona la tensión de la estructura polémica, única forma de existencia realizada. , donde ambos programas están en presuposición recíproca con el enunciado de la competencia ambivalente del sujeto de hacer o de la experiencia angustiada y que, paradójicamente, es una forma de no poder-decidir.
La incompetencia pragmática del sujeto, modalizada por el predicado del no poder, estaría explicada por el acople entre las modalizaciones de un deber-no hacer, sostenido por la adhesión de la voluntad al sistema de valor representado por el manipulador deber, y un querer-hacer, derivado de la adhesión al sistema del manipulador amor. Greimas denomina tal configuración como abulia activa y es interpretable como una intervención externa sobre la voluntad del sujeto, dado que la prohibición excluye la realización de las motivaciones propias.[iii] La mecánica de esta intervención bien hace eco de los fenómenos de represión asociados a códigos de comportamiento propios de sistemas de creencias[iv] que se arrogan los derechos para establecer las fronteras de lo correcto (orientaciones religiosas, partidismos políticos, sistemas filosóficos, etc.) y que, a pesar de no estar explicitados en los versos del aria, bien hallan su representación. Resulta destacable que tal represión se dirija hacia la pasión amorosa, ello abre el espectro de supuestas explicaciones desde la conveniencia política hasta el fanatismo religioso; mas sin embargo, cualesquiera que sean, existe una posibilidad de considerarlas todas sin caer en compromisos con lo excesivamente especulativo. Partiendo del indicio de la represión, de lo común que resulta a esos sistemas de creencias y de la inferible preocupación de sujeto frente a la sanción negativa del manipulador deber, es válido postular la necesidad de proteger la imagen social en pos de evitar el rechazo o exclusión del grupo que abandera los derechos y autoridad del sistema de creencias hegemónico. La angustia del sujeto, entonces, respondería a lo que Greimas representa en uno de sus cuadros semióticos de la modalización del ser:[v]

El recorrido que va de la conducta nociva hacia la deseable corresponde al PN del deber y, obviamente, alude a una estrategia manipulatoria que opera sobre el sujeto llevando a trasfondo la disforia derivada del ser inventariado dentro de la condición reprobable a modo de amenaza potencial, existencia virtual de la condena. Ahora, dada la naturaleza del esquema narrativo antes descrito, el cuadro es igualmente operatorio si se debiera representar las presiones del sistema de valores del amor. Lo diferencial estribaría en la fuente de esas presiones. Pese a que existe el objeto de valor externo al sujeto, las motivaciones del segundo sistema invocan contenidos semánticos más cercanos al mundo sensible del individuo que a contenidos discursivos aprendidos por contacto con sistemas de creencias. En este juego de tensiones y desde el enfoque de las relaciones sociales, la pasión amorosa está marcada negativamente y el sujeto aparece como virtual transgresor del código social legitimado.
La situación de la estrategia manipulatoria[vi] es un contenido presupuesto dentro del enunciado, pero cabría interrogarse si la intencionalidad del texto del aria se agota con la expresión de la tensión desatada. Se sabe que la única existencia realizada es la experiencia de angustia y la imposibilidad de tomar la decisión; sin embargo, la materialidad que soporta al enunciado es ya un indicio a otros efectos de sentido que la subsumen. La estructura en verso, el cuidado de la rima, la aliteración y el ritmo de los acentos, extrañan la enunciación de una aparente monologación íntima dimensionado, por un lado, con el embrague entre la voz lírica y el sujeto del enunciado y, por otro, la ausencia de deixis referidas tanto al tú del enunciado y al tú enunciatario; de hecho, tal parece que el sujeto de la enunciación se hablara a sí mismo. Lo que se llama extrañamiento va de la mano con la intencionalidad estética del soporte.[vii] Como una práctica de comunicación y de producción de efectos de estesis,[viii] en el enunciatario, el objeto poético denuncia orientaciones de gusto. Resulta tentador invocar las categorías aristotélicas de la catarsis y la identificación, explicarían, en parte, la vigencia del texto. Descargue profiláctico gracias al simulacro de la condición reprimida de las pasiones elevada a la dignidad de la condición trágica. El texto bien puede cumplir con el descargue emocional, al fin y al cabo la lectura poética es un instante de desconexión de las presiones, pero también una forma encontrarlas figuradas a la vez que se dignifica en la dimensión de lo estético la condición humana, componente muchas veces ausente en la experiencia cotidiana.

Bibliografía

Courtés, Joseph. Análisis semiótico del discurso. Trad. Enrique Ballón Aguirre. Primera. Madrid: Gredos, 1997. 

Fontanille, Jacques. «Semiótica de los textos y los discursos», versión original en francés en MUCHELLI Alex (directeur). Dictionnaire des méthodes qualitatives en sciences humaines. París: Armand Colin, 2a edición, 2004 (Trad. Horacio Rosales Cueva). 

Fontanille, Jacques. «Texto, objetos y formas de vida», versión original en francés (« Post-face : Signes, textes, objets, situations et formes de vie, les niveaux de pertinence sémiotique », in Jacques Fontanille et Alessandro Zinna, dir. Les objets au quotidien, Limoges, Pulim, 2006 (Trad. Horacio Rosales Cueva). 

Greimas, A. J. «Para un teoría de las modalidades.» Greimas, A. J. Del sentido II. Trad. Esther Diamante. Madrid: Gredos, 1989. 78-106. 

Mandoki, Katya. Estética cotideana y juegos de la cultura. Primera. Vol. I. Mexico D. F.: Siglo xxi, 2006. II vols. 

Panier, Luis. «Análisis semiótico del discurso.» Analyse semiotique. Trad. Horacio Rosales Cueva. s.f. 

Van Dijk, Teum. Ideología Una aproximación multidisciplinaria. Trad. Lucrecia Berrone De Blanco. Barcelona: Gedisa, 2000.



[i] El texto tan sólo permite inferir un algo exigido por eso que llama el deber, presumiblemente una actuación deseada relacionada con una institución, ciertos valores, una persona, etc.
[ii] El esquema utilizado para representar la configuración es autoría de  Eduardo Serrano Orejuela.
[iii] La interpretación del acople es mía. Greimas clasifica la abulia activa dentro de la categoría del sujeto que rechaza. Clasificación que no sería del todo coherente con el presente texto, pues aquí no se puede hablar de un rechazo sino de una imposibilidad para decidir. Greimas, A. J. Para una teoría de las modalidades. Del sentido II. Trad. Esther Diamante. Madrid: Gredos, 1989. 100-103. Impreso
[iv] El término es tomado de Van Dijk, a propósito de su teoría de las ideologías. Cf. Van Dijk, Teum. Ideología Una aproximación multidisciplinaria. Trad. Lucrecia Berrone De Blanco. Barcelona: Gedisa, 2000. Impreso
[v] Greimas, op. cit, p. 114. La adición de las denominaciones en las llaves y los sustantivos que acompañan los adjetivos son míos.
[vi] Se utiliza en concepto de situación estratégica de J. Fontanille,  ya que se considera la prohibición y la amenaza como mecanismos concretos de influir sobre las conductas. En el texto del aria se notaría como un presupuesto que explica la experiencia de angustia.  Fontanille, Jacques. «Texto, objetos y formas de vida.» Trad. Horacio Rosales Cuevas. 2004. 6. Digital
[vii] Ibid, p. 2-4.
[viii] Cf. Mandoki, Katya. Estética cotidiana y juegos de la cultura. Primera. Vol. I. México D. F.: Siglo xxi, 2006. Impreso

Bucaramanga 19 de octubre del 2011



No hay comentarios: