sábado, 13 de marzo de 2010

ANÁLISIS DEL SENTIDO DE UNA DE LAS LLAMADAS “COLOMBIANADAS”






Arco SELAS. Tomba oscura, de "Cuadernos de Moleskine", París, 2006.


por: Karime Vargas, Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia


El presente trabajo tiene por intención hacer un análisis desde el punto de vista semiótico de producciones discursivas proferidas en el seno de la sociedad. En este caso, se trata de un enunciado cuya intención es restringir la entrada a un lugar, en ese caso, una cocina. El enunciado es entendido como una “colombianada”.


Aunque no existe una definición clara acerca de lo que se considera una colombianada, se le puede entender como una manifestación discursiva producida en la sociedad colombiana como un objeto de burla por la inconsistencia en su mensaje tomado de la vida cotidiana o porque el contenido no están en concordancia con el sentido común. El mismo término resulta peyorativo para la cultura que lo produce, aunque es ella misma la que se encarga de sancionarlo con este apelativo. Se pretende efectuar una puesta en práctica de la información, contenidos y conocimientos abordados hasta el momento para el análisis de objetos puntuales. Con ello, se permite hacer una aplicación de los asideros teóricos para consolidar competencias en el análisis semiótico. A continuación se recrea el texto objeto de análisis:
NINGÚN PERSONAL
ESTÁ AUTRORIZADO
PARA INGRESAR A
LA COCINA. SÓLO
ACCEDER PERSONAS
AUTORIZADAS
En un primer momento, se debe establecer una distinción del objeto como parte de un sistema semiótico organizado, con reglas internas de funcionamiento que hace posible la significación, lo cual hace que sea considerado como un código. A su vez, siendo un sistema de comunicación que emplea un código lingüístico, se evidencian fenómenos como la recurrencia de unidades para formar las palabras, por ende, se afirma que es un código articulado y económico. Si un código es articulado, sus elementos pueden combinarse entre sí con el fin de expresar contenidos. Esto conlleva a que se obtengan enormes resultados con recursos relativamente modestos lo cual es denominado como economía semiótica (Simone, 2001: 29).
En el mundo de la vida surge el universo simbólico del hombre, aquello que llamamos cultura, donde se llevan a cabo las prácticas semióticas. De una manera más específica, se encuentra el lenguaje verbal que es el código en el cual se inscribe el mensaje o texto a analizar.
El mundo natural es el lugar donde tiene lugar la elaboración de los procesos significativos y comunicativos de las culturas. Actuando como un lenguaje figurativo, en donde las figuras que se reelaboran en el plano del contenido, son hechas de “cualidades sensibles” del mundo (Greimas & Courtés, entrada “mudo natural”). El hombre con el lenguaje llegado a nombrar su imperante realidad, a realizar procesos de categorización. Según Pierce, nuestros conceptos sirven para unificar la multiplicidad de las impresiones sensibles, por lo tanto, las primeras impresiones sobre nuestros sentidos no son representaciones de cosas desconocidas sino que son las mismas impresiones lo desconocido hasta que la mente no llega a cubrirlas con predicados que no es más que la apropiación por medio de la lengua. Este proceso de conceptualización solo es posible por medio de inferencias hipotéticas que también es válido para el reconocimiento de sensaciones (Eco, 1998: 74). En ese sentido, el objeto analizado hace parte del universo complejo de realidades que circunscriben al hombre, porque el medio o sistema de representación es creado a partir de su mismo entorno por medio de las convenciones que tiene que adoptar para comunicarse y, por lo tanto, el objeto es el encargado de representar dicha realidad.
Por una parte, es preciso afirmar que el objeto es un código lingüístico del idioma español, con reglas elaboradas por el hombre, por eso es un sistema de significación reglamentado a partir del uso consensuado de sus usuarios. Al ser un código articulado, conjunto de elementos que se relaciones entre sí por reglas, los elementos se pueden distinguir, es decir, son unidades discretas, elementos discontinuos y diferenciables que se combinan entre sí en un fenómeno llamado composicionalidad. Es flexible porque sus unidades pueden adoptar distintas posiciones que ocasionan su economía al obtener muchos resultados con pocos recursos.
De manera evidente se presentan unidades lexemáticas impresas con tinta negra sobre una hoja blanca, el enunciado se encuentra centrado y ubicado en una superficie plana cual es una pared o una puerta. Desde el punto de vista ortográfico es un texto escrito sin errores. Se observa el predominio de mayúscula sostenida en todo el significante, esto impone dominancia del enunciador a partir del mensaje que se quiere dar.
Las oraciones subordinadas adverbiales cumplen las funciones propias de los adverbios, por ello se llaman también circunstanciales. Expresan los múltiples tipos de condiciones o circunstancias en las que se realiza la acción del verbo principal. Para el caso que aquí compete, se refiere a un tipo de subordinada adverbial clasificada como final que es aquella que indican la finalidad o propósito que se busca al realizar la acción. Uno de los nexos más usuales para introducirla es la preposición para claramente explícita en el enunciado en cuestión (Munguía, 2007: 186, 190). El caso que nos ocupa es un enunciado compuesto por dos proposiciones separadas por un punto: la primera es una oración compuesta subordinada adverbial: Ningún personal está autorizado para ingresar a la cocina, y la segunda es clasificada como una oración simple con una perífrasis verbal: Solo pueden acceder personas autorizadas. Los dos casos son analizables gramaticalmente y tienen efectos de sentido. Las perífrasis verbales son construcciones que se forman con dos o más verbos que, en ocasiones, pueden estar unidos por una palabra de enlace. El primer verbo se conjuga y el segundo se expresa por medio de una forma no personal, es decir, por un infinitivo, un gerundio o un participio. En el caso que atañe, se trata de una perífrasis con un verbo en infinitivo sin nexo o palabra de enlace (Munguía, 2007: 107). En el primer fragmento del enunciado que nos ocupa, se piensa, entonces, que ninguna persona está facultada para llevar a cabo una finalidad: ingresar al espacio delimitado. En el segundo, la perífrasis verbal aporta un matiz de significado que no es posible expresar mediante las formas verbales de la conjugación: pueden acceder expresa un sentido de obligación que no se evidencia si, por ejemplo, la oración estuviera construid de la siguiente manera: solo acceden personas autorizadas. De todas maneras, la exigencia también se reitera por el verbo poder que más adelante será analizado como una de las modalidades actanciales.
Por otro lado, en cuanto a los tiempos verbales se evidencia que el texto se encuentra redactado en tiempo presente y en modo imperativo entendido como aquel que expresa la actitud del hablante frente a lo que enuncia se manifiesta mediante un mandato o un ruego lo cual se traduce a una forma apelativa de mandato o una forma de acto de habla directivo. Según Calsamiglia y Tusón, el estudio que hace Searle sobre los actos de habla marcó un giro en la manera de abordar los problemas de la significación al incorporar los conceptos de intención y de acción como elementos fundamentales (Calsamiglia & Tusón Valls, 1999: 196-197). Por otro lado, se observa repetición de términos que pueden actuar como campos semánticos: ningún-solo, autorizado-autorizadas, ingresar-acceder, personal-personas. En cuanto a la redacción se hace visible una clara incoherencia que radican en el uso de la forma apocopada del adjetivo indefinido ninguno (ningún) el cual designa ausencia total de algo, y el adverbio de modo sólo que puede ser entendido como únicamente, actuando como restricción parcial. Por lo tanto, si se habla de ningún personal, se está afirmando que absolutamente nadie puede ingresar al recinto delimitado; la aclaración que se hace posteriormente solo pueden ingresar actúa como una forma adversativa del enunciado previo, pues se entiende como únicamente, lo cual supone la presencia de alguna persona que tiene el privilegio de acceder: personal autorizado. Se encuentra una oposición determinada por ninguno vs alguno. La intención de prohibir una acción se ve afectada en la no concordancia del sujeto, por lo cual se habla de una contradicción en el mensaje. En ese sentido, no hay cohesión en el mismo, pues se presentan en su desarrollo lingüístico, repeticiones innecesarias que resultan confusas para el enunciatario.
Puesto que el campo de ejercicio empírico de la semiótica es el discurso, y no el signo, la unidad de análisis es el texto verbal o no verbal (Fontanille, 2001: 21). El objeto es deslindado en sus dos planos por el cuerpo que toma posición como frontera entre lo que corresponde al orden de la expresión, el mundo exterior, y lo que corresponde al orden del contenido, el mundo interior. Es el cuerpo el que reúne los dos planos con el fin de que haya sentido (Fontanille, 2001: 22). Por lo cual, la persona tiene contacto con este mensaje lo aprehende por medio del sentido de la vista, siendo este el primer procedimiento para aprehender el texto. El sujeto es consciente de su existencia porque tienen una materialidad que lo hace evidente a partir de su estructura física, seguidamente, percibe la sensación visual y la asocia con elementos que posee en su memoria, llegando de esta manera al concepto de lo expresado y a la asociación axiológica y pasional que éste (el texto) desencadena en el cuerpo vivo que lo adquiere. De igual manera, la posibilidad de asociación entre los datos sensibles y un modelo conceptual previo se consolidan por un tercer elemento que permite la reunión de las dos partes, nos encontramos frente al esquema, ofrecido por la capacidad de imaginación permitiendo homogenizar los conceptos puros del entendimiento. Dicho esquena es una creación fuertemente influida por la memoria y la cultura. Este es el fundamento de la percepción pensada como proceso de semiosis al asignar significados por medio de la creación de esquemas que parten de un juicio reflexivo (Fontanille, 2001: 22).
Es importante mencionar que las características de este objeto se pueden concretar mediante la aplicación de un esquema canónico que correspondería a un cuadrado semiótico donde se representa la contrariedad, la contradicción y la complementariedad. Para tal efecto, es necesario evidenciar las estructuras figurativas, semionarrativas y fundamentales que subyacen en el enunciado analizado. Las Estructuras figurativas del enunciaciado son aquellas que son perceptibles por medio de uno de los cinco sentidos, que tienen una ligazón con el mundo natural. Estamos hablando de los actores, el espacio y el tiempo. Por un lado, en la determinación de los actores es donde prima la contradicción del enunciado porque en un primer momento se dice ningún personal y después se dice personas autorizadas. La primera expresión indica ausencia total de personas, mientras que en la segunda, se asevera que existen algunas que sí tienen el privilegio de acceder. En todo caso, se trata de actores colectivos de carácter antropomorfo. Por otro lado, el espacio es configurado mediante los verbos ingresar y acceder, entidades que dan la idea de movimiento dentro de un espacio determinado. Se tiene, entonces, que el mensaje se encuentra en una superficie externa de índole público que contiene, a su vez, un espacio restringido la cocina. Nos encontramos frente a dos oposición: adentro vs afuera que corresponderían a lo privado vs lo público. Por lo tanto, el texto está destinado a personas que transitan por este espacio externo. Finalmente, el análisis del tiempo se centra en el crónico y el lingüístico; el primero de ellos, permite explicitar escalas estativas, directivas y mensurativas, mientras que en el tiempo lingüístico se pueden distinguir cuatro tipos de narraciones o argumentaciones: ulteriores, anteriores, simultáneas e intercaladas. Atendiendo a la clasificación desde el punto de vista lingüístico, se hace visible una enunciación de tipo simultáneo, pues el enuciador se sitúa en un aquí y ahora que se ubica temporalmente justo en el preciso momento de la enunacion, de ahí se desprende el uso del tiempo presente en los verbos empleados. Por lo tanto, la posición del enunciador se sitúa en un tiempo de simultaneidad en cuanto al discurso producido. De igual manera, con respecto al tiempo crónico, el de los acontecimientos internos en el texto, es claro que el establecimiento del punto cero corresponde al ingreso a la cocina, por consiguiente, se pensará esta situación como la que permite constituir la escala estativa; a partir de ella, se consolida un tiempo anterior y uno posterior, llegándose a perfilar la escala directiva. En el tiempo anterior se establece como el antes de ingresar. Como tiempo posterior, se hablaría del ingreso. Por lo tanto, las escalas en el tiempo se ven marcadas por el desplazamiento. En la dimensión mensurativa en el enunciado no se determina una cantidad medible.
En el nivel de las estructuras semionarrativas se hace evidente la modalidad de base asociada con el poder hacer y el no poder hacer, estas se asocian directamente con la prohibición. Dada la inconsistencia en el sujeto de la acción que expresa el enunciado, no es posible determinar con precisión, en un primer momento, quién tiene acceso a la cocina, pues se afirma que nadie (ningún) lo tiene. Sin embargo, en la segunda parte se especifica a algunas personas: personal autorizado, entonces se tiene que enunciador se orienta hacia un objeto de deseo, las personas no autorizadas, con el fin de éstas se encuentren en disjunción con la cocina: (S1 O1), donde S1 es el personal no autorizado y el O, el objeto, es la cocina, lo que se lee: “Los sujetos no autorizados no pueden ingresar a un espacio”.
Finalmente, en el nivel de las estructuras profundas, se establecen categorías más generales y abstractas mediante la utilización del cuadrado semiótico que, de acuerdo con Fontanille, presenta la reunión de oposiciones binarias en uno solo, que administra a la vez la presencia y ausencia de rasgos contrarios (Fontanille, 2001: 51). Así por ejemplo, para las categorías de oposición desde el componente semántico, que incluye el nivel axiológico y temático se establecen por una primera oposición lo privado y lo público. De igual forma, la oposición de términos se define de la siguiente manera:

Público
Privado
↖↗
↙↘
No privado
(-S2)
No público
(-S1)
Según lo anterior, se tiene que las oposiciones lo público y lo privado corresponden a lugares externo e interno, respectivamente. A continuación se asocian categorías isotópicas de donde se obtiene la siguiente tabla de posiciones:
Privado
Público
Adentro
Prohibido
Solo personal autorizado

Disforia
Afuera
Permitido
Todas las personas porque ningún personal está autorizado para acceder
Euforia
Lo privado plantea categorías semánticas como: adentro de la cocina, referido al lugar; la prohibición de ingresar; el tipo de actores antropomorfos que pueden llevar a cabo este desplazamiento, que según lo expresado son solo algunos (los autorizados. Como se ve es clara la paradoja debido a la contradicción referida al tipo de actores que pueden efectuar la acción (ningunos y al mismo tiempo solo algunos). Se tiene, entonces, que se considera disfórico que alguien ingrese a la cocina, mientras que se puede pensar que si las personas que no están autorizadas se mantienen fuera, generan un estado de eufória. Lo anterior con respecto al enunciador del discurso analizado.
Como se ve, los espacios están marcados por cargas axiológicas que tienen que ver con la euforia y la disforia que se evidencia a partir del análisis de los niveles desde el punto de vista desde lo figurativo y lo temático. De igual manera, es patente la incompatibilidad en cuanto a los términos contrarios que plantea el anuncio, es un enunciado ambiguo y falta claridad en la expresión de su mensaje.
Sobre esta base, es preciso establece, para el análisis de objetos portadores de sentido, una ruta de análisis que incluye tres aspectos esenciales a saber, el mundo natural, el signo como mediación y el modelo representativo del proceso de significación. Dichos elementos se puedes esquematizar haciéndolos corresponder con cada una de las tres puntas del triángulo: mundo natural, signo como mediación y modelo de la mediación sígnica.
Antes de partir para la explicación del modelo resultante, es pertinente recordar que el ser humano se encuentra rodeado de todo el universo circundante que no es más que el mundo natural, espacio en el cual nos encontramos insertados. Es dentro de este último donde, dada su capacidad de lenguaje, crea sistemas de significación con el fin de llegar al entendimiento de su realidad y de sus semejantes a partir de procesos significativos. Es entonces donde se presenta un mundo aprehensible a partir de visiones significativas que correspondería a lo que entendemos como cultura y que Yuri Lotman entiende como una semiosfera donde el conjunto de las formaciones semióticas precede al lenguaje particular y es una condición de la existencia de este último. Sin semiosfera el lenguaje no solo no funciona, sino que tampoco existe (Lotman, 1996: 35). Por lo tanto, la creación de signos sociales es una característica fundamental del hombre Peirce lo define como una relación disimétrica: “alguna cosa que, para alguien, toma el lugar de cualquier otra cosa bajo cualquier correspondencia o bajo cualquier aspecto” (Fontanille, 2001: 20). Si se tiene en cuenta el texto analizado a la luz de las propuestas de signo triádico de Peirce se tiene un referente que es la realidad a la cual el signo remite y que ya es un universo semiótico sometido a concepciones modales, perceptivas y categoriales. Se plantean las relaciones entre sensación, percepción y significación, siendo esta última una construcción que surge de la asociación de unidades sensibles con procesos interpretativos. Por último, el trabajo analítico sobre los procesos de significación es la labor de disciplinas como la semiótica que interroga por el universo de significación que rodea al hombre. Esto corresponde a la categoría que nombré como modelo representativo. Es decir, el trabajo se análisis de las prácticas semióticas de la realidad que Paul Ricoeur conoce como mímesis 3, el estudio pormenorizado y riguroso de una disciplina que piensa sistemáticamente sobre procesos significativos empleando mecanismos que van desde lo superficial del enunciado hasta su asociación con sistemas axiológicos y pasionales con el fin de explicar o determinar de qué manera funciona una cultura.
A manera de conclusión
La descripción y caracterización del objeto analizado como semiótico fue un hecho que facilitó la pesquisa investigativa pues por estar constituido por un código lingüístico se pudo contar con elementos que aporta la lingüística en cuanto a la clasificación de las categorías gramaticales y el tipo de proposiciones empleadas. Igualmente, este tipo de enunciados se ha convertido en recurrencia dentro de la cultura colombiana donde no es extraño encontrar este tipo de “colombianadas” en diferentes lugares de acceso público. Éstas son entendidas como construcciones discursivas inconsistentes ya sea por el desconocimiento de normas gramaticales u ortográficas, falta de sentido común o porque, a pesar de que el enunciador conocer lo inadmisible del enunciado, se ha convertido en un mecanismo para captar la atención del enunciatario.
De igual manera, se debe reconocer el papel de la memoria como fundamento del sentido común al reconocer el código en el cual se inscribe el mensaje y la situación particular de producción. Cabe recordar que el sentido común abarca un amplio dominio de lo dado como una realidad inmanente para aceptarla fuera de la lógica científica. En el texto seleccionado para este análisis, el papel que desempeñó esta forma de pensamiento fue de suma importancia dado que la producción de estos enunciados resulta recurrente en el modo de pensar colombiano. El sentido común brinda elementos para considerar el enunciado contradictorio al no encontrarse concordancia entre la intención y el código empleado por la persona que lo produce.
El ejercicio tiene de científico, por un lado, la demostración de aquello que aparentemente era obvio en el texto leído. Se hace un estudio donde hay descubrimiento de una situación por medio de la precisión y la objetividad mediante la rigurosidad en el seguimiento de pasos organizados para el análisis. Esto evita que no se caiga en especulaciones o imprecisiones. Se parte de una realidad que se contrasta con postulados de una disciplina como la semiótica para encontrar sentido a prácticas sociales dentro de una cultura. Además el ejercicio de metacognición es propio de procesos científicos donde se evalúan los mecanismos empleados para la adquisición de conocimientos, dándole una mirada a los resultados obtenidos y a la efectividad del método empleado.

BIBLIOGRAFÍA
CASALMIGLIA Blancaflort, Helena y TUSÓN VALLSs, Amparo. Las cosas del decir, Barcelona: Ariel, 1999
ECO, Humberto. Kant y el ornitorrinco. Barcelona, España: Lumen.
FONTANILLE, J. Semiótica del discurso, traducción de Oscar Quesada Macchiavello, Lima: Universidad de Lima, 2001.
GREIMAS, Julian Algirdas, Joseph COURTÉS. Sémiotique. Dictionnaire raissonné de la théorie du langage. Paris: Hachette supérieur, 1993.
LOTMAN Yuri M. La semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto. Madrid: Cátedra, Frónesis y Universidad de Valencia, 1996.
MUNGUÍA, Irma. Gramática de la lengua española. México: Larousse, 2007
PERICOT, Jordi. El individuo abierto al mundo, tomado de Servirse de la imagen. Barcelona: Ariel, 1987.
SIMONE, Raffaele. Fundamentos de lingüística. Barcelona, España: Ariel, 2001.

No hay comentarios: