jueves, 17 de enero de 2008

LA SENSORIALIDAD COMO FUNDAMENTO DE CONSTRUCCIÓN DE SENTIDO, por José Horacio Rosales Cueva

Dentro de la boca, IV, por S. Robi, 2006.

Resumen: A partir de los aportes de la semiótica del discurso se abordan en el presente texto algunos conceptos relacionados con la sensorialidad y la percepción como condiciones del sentido. Para la comprensión de la pertinencia de tales conceptos y de la dimsensión sensible en la construcción semiótica, se recurre al caso del asco, del personaje La hermana, de la obra teatral Roberto Zucco, de Bernard-Marie Koltès.

El cuerpo vivo, entendido como una sensibilidad orientada intencionadamente, interesa a la semiótica como condición de la semiosis. Esta presencia se manifiesta, en términos de la semiótica del discurso[1], como una mira dirigida hacia sí misma, al mundo en que ella está inmersa y a la relación que con él se establece. La mira sensible y urgida de satisfacción se orienta hacia lo que Hjelmslev denominaba el continuum, la masa del contenido o la organización morfológica de la materia que está en la base de los mecanismos complejos de la naturaleza. Esta fenómeno ininterrumpido no se deja semiotizar pasivamente, sino que ofrece resistencias que dejan huellas en la sensorialidad, en la percepción y en los diversos sistemas semióticos que sobre ella se construyen. Como diría Umberto Eco[2], se puede hablar de muchas maneras del la realidad, por ejemplo del agua, pero no se puede negar la condición de la humedad que ésta pone como resistencia en toda construcción de sentido que se haga sobre ella. Así, las resistencias de la realidad se manifiestan a la sensibilidad y se mantienen como un “zócalo duro” en el trabajo de la semiosis y de las inferencias culturales[3] identificadas como producción de sentido.

En la actividad semiótica, el sentir dirigido hacia las cosas, o la mira, se articula con la dimensión inteligible que forma parte constitutiva, también, de la presencia sensible en tanto que cuerpo perceptivo capaz de discriminar las sensaciones, de asociarles formas discretas, de establecer cortes en la masa del continuum. En otros términos, esta inteligibilidad capta en la extensión del mundo, de lo otro, las formas con las cuales discretiza los contenidos del continuum. El cuerpo emerge así como una presencia que toma posición en el mundo, de manera intencionada, y en este acto se constituye en el primer lugar de la articulación de una dimensión sensible (la mira de lo continuo) y de una dimensión inteligible (la captación diferenciada de lo sentido). La correlación de estas dimensiones es el fundamento de la orientación atención, de la articulación de los contenidos a las formas y del sentido de lo que se experimenta en el acto de enunciación.

Desde esta perspectiva, la construcción del significado a los fenómenos del mundo es un trabajo de semiosis permanente que procede de una presencia perceptiva capaz de expresarse semióticamente y que toma posición en el mundo (incluso ante las significaciones producidas por la experiencia sociocultural acumulada). En esta semiosis en acto, la presencia sensible obra desde una toma de posición, que consiste en asumir una perspectiva desde la cual se establecen las correlaciones y tensiones entre los grados de intensidad sensible y la inteligibilidad de las formas. Las asociaciones entre formas y contenidos tendrían su fundamento semiótico en esa intencionalidad posicionada que nace en el cuerpo vivo. Así, la toma de posición en un campo perceptivo es un acto indispensable a partir del cual la presencia sensible podrá enunciar su propia perspectiva sobre los fenómenos que vive y que permite reconocerla como un centro de referencia en relación con las otras presencias que le circundan.

En este orden de ideas, la actividad enunciativa en la que se predica de las vivencias en el mundo nace de una serie de operaciones soportadas en la condición perceptiva que constituyen el nivel sensible y profundo de producción de los valores presentes en la significación; las transformaciones semionarrativas y de manifestación discursiva de estas primeras operaciones permiten superar la idea de la significación asociada a los signos entendidos como unidades mínimas y aisladas. Así, desde la semióticas tensiva y discursiva se plantea que el objeto de la semiótica no es el signo mínimo abstraído de su universo de actividad efectiva, sino los complejos entramados de producción de sentido a partir de unas condiciones y operaciones más o menos recurrentes, generales y descriptibles que tienen base fenomenológica en el cuerpo. Esto significa que el objeto de la semiótica es el discurso y sus procesos de generación sobre la base de las tensiones entre lo sensible y lo inteligible de la presencia sensible capaz de enunciar.

El el proceso de realización de un discurso o en su análisis semiótico, se constata que la dimensión sensible y perceptiva que está en su base es sometida a una serie de procesos de re-elaboración en los diferentes niveles de generación, transformación y manifestación discursiva, de modo que la sensibilidad y de la afectividad son manifestaciones mediadas y resultantes de operaciones controladas por la praxis enunciativa
[4]. Los diversos procesos y niveles de transformación y de semiotización son susceptibles de ser esquematizados como operaciones recurrentes, pero si las esquematizaciones son procesos reconocibles en cada discurso y en la actividad discursiva en general, ellas están condicionadas, en la realización concreta, por la sensorialidad y la percepción particular del mundo de quien enuncia y de los sujetos presentes dentro del enunciado, de modo que cada discurso produce su particular universo semi-simbólico. Las variedades de redundancia que definen el valor semántico de los elementos constituyentes del discurso (las isotopías) se producen como formas de categorización posibles por el uso los sistemas semióticos y proceden por operaciones de coherencia, cohesión y congruencia[5] discursiva, pero esas construcciones del significado se apoyan siempre en la dimensión afectiva, sensible, actancial y cognitiva de la presencia sensible que enuncia. Se tiene así que las dimensiones sensorial y afectiva participan de manera determinante en la construcción del sentido de un discurso o de un enunciado específico y ella constituyen un régimen que, conjuntamente con el de la acción (régimen transformacional o narrativo) y de la cognición (o de la categorización) determinan la construcción de la significación discursiva global. Las significaciones resultantes, asociadas a formas expresivas y compartidas en una comunidad poseen una existencia virtual que es actualizada y realizada en cada nueva situación de enunciación.

Para el investigador de los fenómenos semióticos es importante analizar cómo se producen las transformaciones de la dimensión sensible y perceptiva para desembocar, en los efectos de sentido del discurso como complejo conjunto significante. Estos procesos de transformación, que asocian los valores a las formas expresivas, son organizados por la instancia del discurso, quien es, en tanto que presencia sensible, un punto de vista que organiza la orientación discursiva, una intencionalidad que, a través de una serie de estrategias, enuncia lo que experimenta. Sin embargo, esta instancia no garantiza la inteligibilidad total del discurso: ella es una presencia sensible e inteligible en el mundo que acomete los actos necesarios para la realización del discurso, pero esos actos no pueden reducirse a los solos efectos de esta presencia
[6], dado que ella, siendo condición y el punto de partida de las primeras esquematizaciones semánticas, no permite identificar la naturaleza y el sentido de todas las figuras y de todos los efectos de sentido del discurso (para ello se requiere de las estrategias y formas de regulación de la enunciación y de la actividad discursiva que se han construido como un acervo socio-cultural que incide permanentemente en cada acto de enunciación).

Como ejemplo de ello, y sin pretender abordar las dimensiones de un análisis literario exhaustivo (el ejercicio presente está muy lejos de ello y se limita a ilustrar los conceptos con un fragmento de un ejemplar de la dramaturgia), se intentara abordar el análisis de la sensación de asco de La hermana, en la escena XIII, “Ofelia”, de Roberto Zucco
[7], obra del dramaturgo francés Barnard-Marie Koltès. En el monólogo que da cuerpo a la escena, el personaje elabora un orden significativo a partir de la perspectiva que tiene de sus propias respuestas sensoriales y desde las cuales se sirve para valorar el mundo en que está. Este proceso de construcción de sentido se expone una reacción natural u orgánica del personaje, pero el proceso no se detiene allí, pues se continúa con una elaboración más compleja de modo que el sentido mismo y las organizaciones isotópicas del monólogo no se reducen a la mera sensorialidad implicada en su origen.

El contacto y la repugnancia

En las escenas III y VII de Roberto Zucco, La hermana describe los escenarios de de la pérdida de La chiquilla, su hermana menor y objeto de su pasión definida como un apego excesivo
[8]. Esos escenarios están siempre ligados a la presencia amenazante de los hombres, quienes vienen a constituir un actante opositor para la realización de un programa de conjunción permanente de La hermana con el objeto deseado y valorado. La hermana es una presencia sensible y perceptiva que, en el plano de la intensidad sufre una imperfección perceptiva que la mueve a la construcción de sentidos y a enunciar su experiencia. Esta imperfección se puede definir como una carencia a partir del momento en que La chiquilla abandona el hogar[9]. La escena XIII, “Ofelia”[10], se desarrolla durante la noche, en la estación desierta de los trenes donde el personaje apasionado, presa del desespero, busca a su hermana, a quien realmente ha perdido a causa de las manipulaciones de los personajes masculinos. Ella toma posición y reacciona, en esta escena, frente al olor que la envuelve y agrede. Allí, ella manifiesta su asco, respuesta del cuerpo entero penetrado por la emanación olorosa de los hombres de la ciudad:

Escena 13
Ofelia

El mimo lugar. De noche.
La estación desierta. Se oye caer la lluvia.
Entra la hermana.

La hermana. ¿Dónde está mi paloma? ¿A qué inmundicia ha sido arrastrada? ¿En qué infame jaula ha sido encerrada? ¿Qué animales viciosos y perversos la rodean? Quiero encontrarte, tortolita mía, te buscaré hasta que me muera. (Tiempo.) El macho es el animal más repugnante entre todos los animales repugnantes que produce la tierra. Hay un olor en el macho que me asquea. A ratas en las cloacas, a cerdos en el cieno, un olor a estanque donde se pudren cadáveres. (Tiempo.) El macho es sucio, los hombres no se lavan, dejan que la suciedad y los líquidos repugnantes de sus secreciones se acumulen en sus cuerpos, y no los tocan, como si fueran bienes preciados. Los hombres no se huelen entre ellos porque todos tienen el mismo olor. Por eso se relacionan entre ellos, todo el tiempo, y andan con putas, porque las putas aguantan ese olor por dinero. He lavado tanto a esa pequeña. La he bañado tantas veces antes de la cena, y la he bañado por la mañana, le he frotado la espalda y las manos con el cepillo, y le he cepillado las uñas por dentro, le he lavado el pelo todos los días, y le he cortado las uñas, la he lavado de arriba abajo todos los días con agua caliente y jabón. La he tenido blanca como a una paloma, le he peinado las plumas como a una tortolita. La he guardado y protegido en una jaula siempre limpia para que no manchara su blancura inmaculada en contacto con la suciedad de este mundo, con la suciedad de los machos, para que no se dejara apestar por la peste del olor de los machos. Y ha sido su hermano, esa rata entre las ratas, ese cerdo apestoso, ese varón corrompido, el que la ha ensuciado y hundido en el cieno y arrastrado por los cabellos hasta su estercolero. Hubiera debido matarlo, hubiera debido envenenarlo, hubiera debido impedir que rondara la jaula de mi tortolita. Hubiera debido levantar alambradas en torno a la jaula de mi amor. Hubiera debido aplastar a esa rata con el pie y quemarla en la estufa. (Tiempo.) Todo está sucio aquí. Toda esta ciudad está sucia y poblada de machos. Que llueva, que siga lloviendo, que la lluvia lave un poco a mi tortolita en el estercolero donde se encuentra.
[11]


El olor en el espacio abierto de la ciudad es una emanación de otros cuerpos, invade el espacio y el cuerpo propio de la presencia sensible que se posiciona como la instancia del discurso y quien lo percibe como algo amenazador, dado que el contacto desencadena las reacciones específicas de un rechazo orgánico, del asco definido como una repugnancia que incita al vómito, también como temor y aversión. En contacto con el mundo, el cuerpo sensible es capaz de adaptarse de modo conveniente a los estímulos y en esta relación, entre un impresor (el olor de los hombres de la ciudad) y la superficie imprimible (el cuerpo de La hermana), se produce la adecuación o la resistencia del cuerpo vivo, según éste se sienta favorecido o amenazado para su propia supervivencia.

En el desarrollo del análisis de las modalizaciones somáticas como principios de organización de la sensorialidad en el discurso, Jacques Fontanille define el icono como un cierto equilibrio de fuerzas en presencia
[12] donde la energía y la materia son convocadas para dibujar una forma estructurada que será reconocida como una huella o sensación. Como en el caso del iconismo primario de Peirce desarrollado por Umberto Eco[13], se trata de un icono entendido como el momento originario de la semiosis, como un proceso de disposición al contacto entre dos cualidades, dos fuerzas o dos entidades. Este contacto se produce por una adecuación sensible entre el cuerpo impresor (que impone sus condiciones y resistencias) y la superficie imprimible; consecuentemente, el icono[14] se define como la disposición de algo que se dispone a suceder sensorialmente y que efectuado se convierte en un objeto o en un conjunto de objetos semióticos[15].

El cuerpo propio y vivo donde se hace la huella icónica es un lugar de palpitaciones internas cuyas reacciones, atracciones o repulsiones pueden enunciarse, pero también se hacen visibles, para el observador, a través de los movimientos, desplazamientos y “deformaciones” que el cuerpo muestra. El tópico somatico que constituye el primer esbozo de una semiótica del cuerpo ha sido propuesto por Jacques Fontanille
[16] y está constituido por diferentes instancias o capas sensibles. Estas instancias, en su conjunto, son consideradas por el autor como una matriz semiótica constituida por esquemas que no son necesariamente los correspondientes a la clasificación tradicional de los modos sensibles (vista, olfato, gusto, tacto, oído), sino un campo sensible donde se producen sincreticamente las huellas vivas de la relación materia–energía: se trata del reconocimiento de la consistencia de un cuerpo que es afectado en su totalidad por cada sensación, como en el caso del escalofrío producido por un sonido, la reacción del cuerpo todo frente a la imagen visual de algo repugnante, etc. Las nociones de esta semiótica del cuerpo, que servirán para explicar una sintaxis modal de lo sensible, como el asco de La hermana, pueden resumirse así:

· El sí-cuerpo propio, concebido como una envoltura, reconocible como el tacto y el olfato, por ejemplo; envoltura dirigida hacia el exterior, pero que al mismo, en su condición de membrana, protege el universo interior del universo exterior,

· El sí-cuerpo interno, o el lugar de los acontecimientos interoceptivos, como el sabor, pero también el campo interno invadido por el olor que atraviesa, con la respiración, la membrana o envoltura del sí-cuerpo propio. En este cuerpo interno se construye control de la atención “dirigida hacia”.

· El yo-carne, materia viva y sensible, el sustrato dinámico de la senso-motricidad y las tensiones vibratorias (incluso sonoras). Se trata de la masa palpitante, motora y deformable con el movimiento y cuya acción está en relación con otras sensaciones. Esta carne es el centro del movimiento y de la sensación, es el lugar corporal de la inmediatez del yo.

El cuerpo vivo, en contacto con algo chocante o que se opone a su supervivencia, o que pone de manifiesto la inevitable descomposición orgánica que sufrirá la presencia sensible, construye una reacción instintiva o una valencia tímica. El cuerpo de La hermana, como una unidad de envolturas vivas
[17], reaccciona con asco frente a la emanación exterior que atraviesa su envoltura (el sí-cuerpo propio) y produce una atención dirigida desde el sí-cuerpo interno; estas operaciones se manifiestan en el movimiento sensomotriz de la carne, con las acciones que sugiere la enunciación y en los esfuerzos de higiene de La hermana. El asco como respuesta corporal ante el olor repugnante es un icono elemental, una distinción inicial de la relación sujeto-objeto, el testimonio de algo externo que la presencia sensible sufre y que se revela como el recuerdo de un destino inevitable. En la sintaxis somática, se puede observar que:

· Un mundo otro, diferente al yo de La hermana, afecta al cuerpo de ésta.

· El olor externo, emanación proveniente de ese no-yo (de los cuerpos de los hombres que habitan la ciudad), atraviesa la envoltura externa y el campo íntimo del sí-cuerpo propio de la presencia tensiva. Este “atravesar” se produce en la respiración que la presencia sensible, por razones de supervivencia orgánica, no puede poner en suspenso.

· Lo no-propio, o los efluvios olorosos, se impone a lo propio, a la interoceptividad de la presencia sensible capaz de orientar su atención y de enunciar sobre sus percepciones.

· En principio, el yo-carne, o la materia viva y palpitante del personaje, sufre a causa de aquello que adviene a su yo, porque el olor invade el campo interno que solicita, de manera urgente, un movimiento, un cambio de forma o el desplazamiento del cuerpo propio como estrategia de “cierre” frente a algo repugnante que le afecta. Cuando se trata del olor que asquea, el movimiento será de retroceso, de protección, y el control que la atención puede ejercer sobre los órganos sensibles se manifiesta como un “cierre” corporal (contraer el cuerpo todo como en una “burbuja”, taparse la nariz, cerrar los ojos, escupir el alimento desagradable; en fin, apartar el cuerpo de aquello que perturba, sea negándolo, sea con la higiene a la que recurre La hermana). Aquí se ponen en evidencia los fundamentos de una relación conflictiva de un sujeto que “sufre”, por exceso o imperfección de su percepción, la presencia o manifestación de un objeto otro.


La identidad del sujeto o del personaje no se reduce a las condiciones de su presencia sensible, pues son necesarias otras operaciones discursivas y de enunciación para establecer la identidad de esa presencia como personaje, actante, rol o sujeto (tales como la participación en un programa de acción y las modalizaciones, por ejemplo); sin embargo, la experiencia sensorial de la instancia de discurso (que se reconoce en las operaciones discursivas identificadas en conjunto como La hermana) funciona para caracterizar al sujeto patémico y la caracterización cognitiva y actancial de su presencia en el discurso. Así, el asco de La hermana se manifiesta con un movimiento de la carne y de la emoción, viva sensación de repugnancia, movimiento de retroceso que provoca una cosa muy sucia o que no se puede soportar, vivo sentimiento de desprecio, de disgusto que hace que se evite a algo o a alguien.

Con esto se tiene una aproximación a la comprensión de la respuesta sensorial de una presencia sensible, capaz de enunciar semióticamente lo que experimenta, pero esta reacción no es suficiente para comprender el sentido del asco y del olor puesto en juego como elemento semi-simbólico
[18] en la escena XIII. Sin embargo, se tiene ya un cierto número de elementos para la elaboración de los valores de la significación.

Sensación y significación

El núcleo sensorio-motor es una condición para la construcción del sentido de los enunciados, como se ha visto. El punto de origen de este itinerario es el cuerpo sensible, lugar de sincretismos y de iconos sensoriales, pero también lugar de la acción encarnada
[19], que Peirce la definiría como una atencionalidad o facultad para orientar el espíritu hacia un objeto[20]. Las correlaciones sinestésicas expresadas por una presencia sensible que se posiciona como instancia discursiva participan en la construcción perceptiva, afectiva y cognitiva de las informaciones de la enunciación; la sensación de origen que las provoca, como la repugnancia de La hermana, no es afectada, pero sobre ella se construyen valores, un orden de significaciones locales y el sentido general del discurso.

Para La hermana, la relación con el olor de los hombres es disfórica: la emanación es asociada a la suciedad y al proceso de deterioro de la vida y de lo orgánico: “A ratas en las cloacas, a cerdos en el cieno, un olor a estanque donde se pudren cadáveres”. La sensación está orientada y puesta en escena bajo la forma de un conflicto entre diversos actantes que corresponden a una lógica de posiciones de los elementos presentes en el campo donde se produce la percepción (actantes posicionales). Este campo es una estructura espacio-temporal y tensiva construida desde la toma posición de la presencia sensible. Las posiciones de estos actantes posicionales se determinan, en primera lugar, desde la perspectiva de la presencia sensible que controla la orientación del discurso y enuncia y que, para este caso, es La hermana. A partir de lo expresado en el monólogo se tiene:

· un actante fuente o los efluvios odoríficos emanados de los cuerpos de los hombres que habitan la ciudad y hacia el cual se dirige la atencionalidad o la mira de la presencia sensible afectada (desde la perspectiva de la atencionalidad dirigida, el actante fuente sería la presencia que dirige su atención hacia el olor y éste no sería un actante fuente, sino el actante objeto o blanco hacia el que apunta la atención, lo que subraya que las posiciones en el campo perceptivo y sus manifestaciones actanciales se determinan desde el punto de vista desde el cual sean analizadas),

· un actante objetivo es, en este caso, el cuerpo que soporta la agresión del olor y hacia quien se dirigen las emanaciones odoríficas; (desde la perspectiva de la atencionalidad de la instancia del discurso como fuente, en el orden expresado entre paréntesis en la viñeta anterior, el actante objeto o blanco de esa atencionalidad encarnada sería el olor),

· un actante de control o de mediación que “filtra” la relación entre los actantes fuente y objetivo y que, para el caso, estaría constituido por el aire y el espacio abierto de la ciudad sucia donde se difunden las emanaciones odoríficas.

La predicación sobre el modo de existencia de los actantes posicionales y de las condiciones de los procesos en que participan los dotan, así como a la instancia del discurso, de una identidad
[21] que se establece cuando los actantes pueden actuar modalizados por el poder, el saber, el querer, y el deber ser/hacer. En el caso que se trata, el sujeto quiere, pero no puede, controlar la emanación olorosa porque el sintagma del olor es irreversible en la medida en que el olor penetra el cuerpo por efecto de la necesaria respiración[22]. Así, el personaje no puede hacer frente al olor que se presenta como una fuerza, como un poder hacer de un otro que se le impone. La hermana recurre a estrategias inútiles para evitar el contacto con el olor y con la suciedad, como los esfuerzos de higiene y de encierro prodigados especialmente a La chiquilla, el objeto de su pasión, para impedirle el contacto con esta forma el contacto con la suciedad repugnante. La valoración de la sensación se construye con las figuras puestas en juego: el olor de la degradación y contaminación se asocia a los valores de animalidad, corrupción, descomposición que La hermana atribuye exclusivamente al mundo masculino. En este orden de ideas, la distribución de los valores que dan base a la significación parecen estar organizados en torno a las etapas del desarrollo de los seres vivos: nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. Para La hermana, que guarda celosa e inútilmente la pureza de La chiquilla, el universo de la masculinidad implica el contacto, la mezcla de elementos y la reproducción que, sucesivamente, causa el desgaste del ser reproductivo, la muerte y la descomposición orgánica. Desde esta perspectiva aspectual, el olor repugnante es la expresión de lo vivo que se corrompe a causa del contacto.

En la dinámica de la sociedad evocada en Roberto Zucco, los contratos sociales para la circulación de los individuos se sostiene en principios teleológicos y en el dinero como mediación que justifica las conveniencias de los intercambios. El “deal”, o negocio de la escena XI, donde se sustrae definitivamente el objeto deseado a La hermana, es una transacción que los hombres realizan sobre una mujer, La chiquilla, tratada como mercancía y obligada a prostituirse. Luego, en la escena XIII aparece un universo de isotopías resultantes de la transformación simbólica del complejo sensible y afectivo expresado por las recurrencias semánticas en la enunciación. En la distribución de esas isotopías, La hermana construye una descripción de la podredumbre y de la sociedad que atribuye despectivamente a los hombres, el actante rival responsable de la corrupción social y de La chiquilla. Así, la infamia, la corrupción del mundo y la racionalidad instrumental (bien representada en la pieza dramática por El hermano avaro que vende a La chiquilla en la escena XII, así como por los negocios efectuados por los hombres sobre seres humanos tratados como mercancías) son representados por el olor de los hombres. En esas condiciones, donde el orden masculino reifica las relaciones sociales, La hermana designa a los hombres de la ciudad dentro de la condición de animalidad y de perversión: “animales viciosos y perversos”, “animales repugnantes”, “suciedad de los machos”, “empestar por la peste del olor de los machos”, “macho corrompido”, “ratas”. A ello se opone el universo femenino de lo inmaculado, la limpieza, la higiene y la blancura asociados a la costumbre de lavarse, de asearse, de desodorizarse, de frotar y de cepillar cada parte del cuerpo que La hermana construye para sí misma y para La chiquilla, pero esta construcción de un mundo de asepsia es ineficaz para evitar la corrupción entre las relaciones humanas, los procesos naturales de la vida orgánica y las fuerzas tradicionales, incluso míticas, de la organización social (impotencia que se refuerza con el no poder hacer de las modalidades de la identidad y del hacer del personaje), todo ello en el mismo sentido en que los sintagmas del olor y del proceso vida–muerte son irreversibles.

La hermana construye dos mundos opuestos que son determinados y figurados en un sistema de contrastes sensoriales, pero esos dos mundos son “cajas” para La chiquilla, espacios de condenación por cautividad o por descomposición (como esta adolescente expresa en diversas escenas), espacios de encierro y de apropiación de sí por un otro que se impone con derechos de propietario. En conformidad con el no poder hacer de la modalización de la sensación, La hermana se encuentra impotente frente al universo oloroso que la envuelve y frente al funcionamiento del universo social; por ello orienta sus esperanzas en los fenómenos naturales como última salida para la higiene y la limpieza de la La chiquilla: “Todo está sucio aquí. Toda esta ciudad está sucia y poblada de machos. Que llueva, que siga lloviendo, que la lluvia lave un poco a mi tortolita en el estercolero donde se encuentra.” Así, el olor repugnante puede ser asumido como una representación de las relaciones perversas de los hombres en una sociedad cosificada.

Bajo la dimensión perceptiva y cognitiva del sujeto apasionado aparece una distribución de valores dentro del discurso. En la transformación de la sensación como expresión del contenido hay un recorrido que va de la sinestesia fundamental y del acoplamiento sensorio-motor, sobre el fondo de una intencionalidad encarnada, hacia la formación del sistema de valores. Con el análisis del asco como experiencia sensorial se ha ejemplificado cómo la sensorialidad participa en la construcción de un universo semi-simbólico del discurso, pero el proceso de construcción de sentido no se reduce a la dimension sensorial pura, dado que el cuerpo perceptivo toma posición en el mundo y la enunciación somete la sensorialidad a las transformaciones discursivas necesarias para ser expresadas desde la intencionalidad de la instancia del discurso. En el dominio sensorial y emocional, lo que el cuerpo experimenta está como fundamento de las formas discursivas, pero las construcciones de orden histórico-social en el seno de la cultura y la praxis enunciativa son determinantes del modo de producción significante.

Notas:

[1] Docente de la Escuela de Idiomas de la Universidad Industrial de Santander, Bucaramanga, Colombia. Correo electrónico: horocue@yahoo.com

[2] Cf. FONTANILLE, Jacques. Semiótica del discurso. Lima: Universidad de Lima y FCE, 2001 (1999). FONTANILLE, Jacques et Claude ZILBERBERG. Tension et signification. Liège : Mardaga, 1998.

[3] ECO, Umberto. Kant y el ornitorrinco. Barcelona: Lumen, 1999, cap. I.

[4] Sobre el continuum como condición y resistencia morfológica de la semiosis, Cf. PETITOT, Jean. “Les nervures du marbre. Remarques sur le “socle dur de l’être » chez Umberto Eco » in : PETITOT, Jean et Paolo FABBRI (directeurs). Au nom du sens: autour de l’oeuvre d’Umberto Eco. Colloque de Cerisy. Paris: Grasset, 2000, p. 81-102. Cf. también ECO, Umberto. “Sobre el ser” in: Kant y el ornitorrinco, op. cit. capítulo I.

[5] Sobre la praxis enunciativa como el fenómeno de organización global de todos los actos y eventos que tienen lugar en el discurso, cf. FONTANILLE, Semiótica del discurso, op. cit.

[6] Cf. FONTANILLE, Jacques. Sémiotique et littérature. Paris : PUF, 1999, p. 15- 40.

[7] Cf. FONTANILLE, Semiótica del discurso, op. cit., capítulo III.

[8] KOLTES, Bernard-Marie. Roberto Zucco, suivi de Tabataba – Coco. Paris : Minuit, 2001 [en español: “Roberto Zucco” separata de la Revista El público No. 83. Madrid, Centro de Documentación Teatral, 1991].

[9] La condición de exceso es una valoración que se elabora desde un universo cultural y es condición para reconocer la dimensión afectiva de un sujeto como una pasión sancionada moralmente (no necesariamente de manera negativa). Esta valoración de las pasiones desde el interior de un universo cultural pone en tela de juicio las tipologías que de ellas se realicen fuera de todo análisis de discurso, pues es dentro de éste donde la dimensión patémica adquiere sus modos particulares de manifestarse y de afectar el espacio y el tiempo en que ocurre. En el estudio del esquema canónico pasional [Despertar pasional → disposición → pivote pasional → emoción → moralización] propuesto por Greimas y Fontanille, se reconoce siempre la presencia de una fase de moralización o de evaluación de los efectos de ella en el entorno. Sin embargo, los autores sostienen la posibilidad de caracterizar la pasión dentro de grandes áreas culturales. Cf. GREIMAS, Algirdas J. et Jacques FONTANILLE. Sémiotique des passions, des états de choses aux états d’âme. Paris : Seuil, 1991 [en español: Semiótica de las pasiones. De los estados de las cosas a los estados de ánimo. México: Siglo XXI, 1994], también: FONTANILLE, Jacques et Isabelle KLOCK-FONTANILLE. “La colère: passion, péché, forme de vie. De la “colère à la française” à la colère “indo-européenne”” in : LANDOWSKI, Eric (direction) : Lire Greimas. Limoges : Pulim, 1997, p. 85-120.

[10] Luego de la violación que La chiquilla sufre en manos de Zucco, es persuadida a prostituirse por El hermano, personaje avaro y quien ve frustrado el proyecto de un matrimonio provechoso para la familia. La chiquilla accede con el objeto de encontrar nuevamente a Zucco, a quien ama, en los bares de alterne del barrio el Pequeño Chicago. En la escena VII, La chiquilla anuncia a La hermana su partida.

[11] El título, como en el caso de la escena XIII, « Ofelia », cumple por lo general una función metalingüística que consiste en definir una hipótesis sobre el tema del discurso. Esta hipótesis orienta la actualización del contenido discursivo dentro de un marco de referencia que suscita determinadas inferencias interpretativas y desecha otras. Así, puede entenderse que el título cumple la función de una instrucción macrolingüística que suscita expectativas sobre el discurso. Él también se ofrece como espacio de evaluación y de estimación de la petinencia entre el contenido del discurso o del texto y el título mismo; la tarea de apreciar la pertinencia del comentario representado por el título con el contenido es propia de la cooperación interpretativa del lector. Esta evaluación sobre la pertinencia del título está asociada a la competencia enciclopédica del lector para establecer, por un lado, las asociaciones culturales adecuadas, actualizar tópicos ideológicos e instrucciones semánticas del título con relación al discurso, pero sólo después de de haber arrriesgado sus hipótesis interpretativas a lo largo de la lectura. Cf. BESA CAMPRUBI, Josep. « Les fonctions du titre » in : Nouveaux actes sémiotiques No 82. Limoges : PULIM, 2002.

[12] KOLTES, Bernard-Marie. “Roberto Zucco”, op. cit., p. 98-99.

[13] FONTANILLE, Jacques. « Modes du sensible et syntaxe figurative » in : Nouveaux actes sémiotiques No. 61 – 62 – 63. Limoges : PULIM, 1999, pp. 57 y ss.

[14] Cf. ECO, Umberto. Kant y el ornitorrinco. Barcelona : Lumen, 1999, especialmente el capítulo II.

[15] Este icono no corresponde a la definición de un tipo particular de signos, dado que éste sería ya el producto de un trabajo de clasificación elaborado sobre el iconismo primario del que se trata en esta semiótica perceptiva.

[16]SHAÏRI, Hamid-Reza et FONTANILLE, Jacques. « Approche sémiotique du regard photographique : deux empreintes de l’Iran contemporain » in : Nouveaux actes sémiotiques No. 73– 74 -75. Limoges : PULIM, 2001, p. 89.

[17] FONTANILLE, Jacques. Modes du sensible et syntaxe figurative, op. cit. p. 49-51.

[18] FONTANILLE, « Modes du sensible et syntaxe figurative », op. cit., pp. 44 y ss.

[19] En el sentido en que el olor se constituye en un símbolo específico dentro de la enunciación del personaje y dentro de Roberto Zucco.

[20] « Acción encarnada » es el sentido que Fontanille recupera en francés para el término inglés « enaction », proveniente del verbo en inglés que significa “hacer surgir, suscitar” y tomado de las investigaciones de VARELA, Francisco, Eva THOMPSON y Eleanor ROSCH. L’inscription corporelle de l’esprit, sciences cognitives et expeerience humaine. Paris: Seuil, 1993. La acción encarnada es una acción en la cual “el mundo para sí” y el “yo” emergen conjuntameente. El principio de esta “enaction” se basa esencialmente en la solidaridad entre la sensación, la percepción, la experiencia y la accción, solidaridad desde la cual pueden emerger esquemas cognitivos. Cf. FONTANILLE, op. cit., p. 15 et ss.

[21] PEIRCE, Charles Sandres. A la recherche d’une méthode. Perpignan : Presses Universitaires de Perpignan, 1993, pp. 19.

[22] En la semiótica discursiva, a partir de la propuesta de Jean Claude Coquet, la identidad de un actante se adquiere según el número de modalidades que definen su acción. Así, un actante no modalizado es sólo un campo discursivo en vía de formación y no puede ser considerado como un sujeto, sino como un no-sujeto. Otro no-sujeto es el actante monomodalizado por un poder hacer o un poder ser y cuya acción depende de las acciones y decisiones de otros. El actante bimodalizado, por un poder hacer conjugado con un querer, o un saber o un deber hacer es un actante en proceso de constitución con el mínimo de condiciones para participar en un esquema de acción (narrativo o de transformación de estados y pasiones). El actante modalizado por el poder+ saber + querer hacer o ser es un actante autónomo, y si está modalizado por el poder + saber + deber hacer o ser es un sujeto heterónomo. El actante tetramodalizado es el actante autónomo o heterónomo pero modalizado, además, por el creer o el adherer para hacer o ser. Los actantes tri- y tetramodalizados son los que cuentan con una identidad dispuesta para la acción, pero deben experimentar, además, estados pasionales. Cf. COQUET, Jean-Claude. Le discours et son sujet I. Essai de grammaire modale. Paris : Klincksieck, 1989 ; FONTANILLE, op. cit., p. 180 y ss.


Bibliografía

BESA CAMPRUBI, Josep. « Les fonctions du titre » in : Nouveaux actes sémiotiques No 82. Limoges : PULIM, 2002.

CHARAUDAU, Patrick et Dominique MAINGUENEAU (directeurs). Dictionnaire d’analyse du discours. Paris : Seuil, 2002.

ECO, Umberto. Kant y el ornitorrinco. Barcelona : Lumen, 1999.

FONTANILLE, Jacques. Sémiotique du discours, Limoges : Pulim, 2e éd., 2003 [Semiótica del discurso. Lima: Universidad de Lima y FCE, 2001].

FONTANILLE, Jacques. Sémiotique et littérature. Paris : PUF, 1999.

FONTANILLE, Jacques. « Modes du sensible et syntaxe figurative » in : Nouveaux actes sémiotiques No. 61 – 62 – 63. Limoges : Pulim, 1999.

GREIMAS, Algirdas J. et Jacques FONTANILLE. Semiótica de las pasiones. De los estados de las cosas a los estados de ánimo. México: Siglo XXI, 1994.

KOLTES, Bernard-Marie. Roberto Zucco, suivi de Tabataba – Coco. Paris : Minuit, 2001 [“Roberto Zucco” separata de la Revista El público, No. 83. Madrid, Centro de Documentación Teatral, 1991].

KOLTES, Bernard-Marie. Une part de ma vie. Entretiens (1983-1989). Paris : Les éditions de Minuit, 1999.

PEIRCE Charles S. A la recherche d’une méthode. Perpignan : Presses Universitaires de Perpignan, 1993, p 375.

SHAÏRI, Hamid-Reza et FONTANILLE, Jacques. « Approche sémiotique du regard photographique : deux empreintes de l’Iran contemporain » in : Nouveaux actes sémiotiques No. 73– 74 -75. Limoges : Pulim, 2001, p. 89.

UBERSFELD, Anne. Bernard-Marie Koltès. Arles : Actes sud - Papiers, 1999.

UBERSFELD, Anne. Semiótica Teatral. Barcelona: Cátedra - Universidad de Murcia, 1989.

lunes, 14 de enero de 2008

TEXTOS (EN FRANCÉS) SOBRE SEMIÓTICA DE LA IMAGEN

El mundo va, IV. Fotografía de S. Robi, 2006.


La revista Nouveaux Actes Sémiotiques (en francés) ha publicado recientemente una serie de textos completos sobre semiótica de la imagen visual, específicamente:

Nathalie Roelens: L'évidence des photos aériennes d'Auschwitz (La evidencia de las fotos aéreas de Auschwitz)

Jean-François Bordron: Image et vérité (Imagen y verdad)

Denis Bertrand: Croire au bleu : chromatisme et fiducie (Creer en el azul: cromatismo y fiducia)

Anne Beyaert-Geslin: Introduction : une vérité provisoire (Introducción : una verdad provisional)

Todos estos artículos fueron presentados en el Coloquio La vérité des images (“La verdad de las imágenes”), París, y puestos en línea en diciembre 2007. Para leerlos, visite la página de Nouveaux Actes Sémiotiques: http://revues.unilim.fr/nas/

domingo, 6 de enero de 2008

ALGUNAS CONVOCATORIAS A CONGRESOS Y OTRAS ACTIVIDADES ACADÉMICAS PARA EL AÑO 2008

El telar II, fotografía de Elsa Sanguino, 1993.

1. En Uruguay: XV Congreso Internacional de la Asociación de Lingüística y Filología de América Latina. Montevideo, 18 al 21 de agosto de 2008. http://www.mundoalfal.org/

2. En México: La Sociedad de Alumnos de la Licenciatura en Letras Españolas del Tecnológico de Monterrey convoca a todos los estudiantes nacionales y extranjeros a participar en el II Congreso Internacional de Estudiantes de Lengua y Literatura Hispánicas, cuyo tema central será "Carnaval, Fiesta y Trasgresión". Las fechas en que se llevará a cabo serán los días 24, 25 y 26 de Abril de 2008 en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México. http://rednel.blogspot.com/