martes, 16 de septiembre de 2008

A la salida nos vemos

Gottfried Helnwein: The song I, 1981, acuarela.
A la salida nos vemos: Análisis semiótico de relatos sobre confrontaciones violentas entre jóvenes escolares de un colegio público de Floridablanca.
Propuesta de investigación.
Arturo Castillo, Estudiante e investigador de la Maestría en semiótica, Universidad Industrial de Santander
La perspectiva de la investigación
Con esta propuesta de investigación se pretende articular la pesquisa semiótica con una problemática social latente en muchos de los planteles colombianos: la violencia escolar. De esta manera, serán abordados algunos aspectos desde discursivos de entrevistas y relatos sobre este tema, construidos por algunos jóvenes del Instituto Integrado San Bernardo de Floridablanca, Santander.
Tales aspectos corresponden al estudio de ciertos elementos constitutivos de estas prácticas de enunciación, como es el uso particular del lenguaje, la naturaleza de sus desvíos lingüísticos y determinadas figuras retóricas, las configuraciones de valores, de percepciones del mundo y de relaciones interpersonales, así como de los efectos pasionales que, evidenciados discursivamente, intervienen en la construcción de sentidos en el mundo de estos jóvenes. Dicho de otro modo, el relato sobre la confrontación violenta aparece como un lugar de escenificación de operaciones organizadoras del sentido enraizadas en una praxis enunciativa y cultural. Tales prácticas discursivas revelan diversas particularidades acerca de la forma como varios estudiantes de un determinado sector sociocultural interactúan y dan cuenta de su mundo.

Para el caso de esta investigación, el aporte metodológico de la etnografía será de vital importancia, pues el desarrollo del proceso de búsqueda científica requiere de una inmersión significativa del investigar dentro del grupo social y de la cultura de éste. Una vez establecida esta relación, toda manifestación cultural se presentará al investigador como un texto (en términos de Lotman) dispuesto para ser leído y analizado en sus estructuras organizacionales que determinan los procesos de interpretación. Esto es posible si se asume que las prácticas socioculturales son la manifestación de una organización simbólica estructurada con elementos recurrentes rn el plano de su organización significante Al respecto, Geertz afirma que “la cultura consiste en estructuras de significación socialmente establecidas en virtud de las cuales la gente hace cosas tales como señales de conspiración y se adhiere a éstas, o percibe insultos y contesta a ellos” (Geertz, 2001:26).
En este texto de Geertz se destaca, por demás, que existen estructuras de significación tácitamente acordadas y que funcionan, inclusive, en el momento de la confrontación ofensiva y de sus variadas respuestas. Es en este tipo de repercusiones donde se centrará la atención de esta investigación. Esto hace comprensible que el corpus que será analizado estará constituido por los textos orales y escritos que los estudiantes del Instituto integrado san Bernardo producen a partir de sus experiencias como partícipes dentro de conflictos escolares, sea como protagonistas o como testigos.
A través de una “descripción densa” de ese corpus, se busca desentrañar dichas estructuras de significación relacionadas con el ámbito social y la influencia en éste en los jóvenes; pero esta relación se aborda desde los efectos de sentido en el discurso, donde es posible determinar la génesis y el sentido que adquieren, para sus protagonistas y testigos, las interacciones verbales violentas. Justamente, por ello, este trabajo de investigación se justifica dentro de un universo sociocultural estigmatizado por su designación como violento, denominación sobre la cual se deben hacer investigaciones dentro de la intimidad de la vida cotidiana y desde los escenarios de la formación de los ciudadanos.
Lo planteado hasta aquí permite comprender la relación entre el análisis semiótico y el método etnográfico con respecto del análisis de fenómenos culturales: “En esto consiste el análisis “cultural”. La etnografía es descripción densa, y hacer etnografía es intentar leer las estructuras de significación (superpuesta, yuxtapuesta y compleja) que se presentan ante el “extranjero” o no “nativo” (Geertz, 2001:26).
Así, en este trabajo no se pretende examinar el fenómeno de la violencia escolar como tal, lo que equivaldría a la observación y análisis de las situaciones reales de violencia. Tampoco se busca dar respuestas y soluciones a esta problemática. Esta tarea correspondería a otras disciplinas. El objetivo de este proyecto es acercarse al problema en su manifestación discursiva y aportar, desde la perspectiva del análisis semiótico del discurso, una representación de lo que es el pensar, el sentir y el interactuar de quienes intervienen en conflictos escolares. Estas elaboraciones serán base para la comprensión de los sistemas axiológicos que movilizan la actividad de los actores en los incidentes de violencia y las posibilidades de intervención pedagógica. Al rescatar lo dicho por estos actores sociales y al analizar sus propias “voces” se estaría entrando en la construcción de la realidad y de las motivaciones de la acción que no están determinadas por el investigador, sino por la situación que se analiza y las interacciones intersubjetivas que allí se producen. A propósito, Geertz señala que todo análisis cultural por sus propias características es incompleto y que
considerar las dimensiones simbólicas de la acción social […] no es apartarse de los problemas existenciales de la vida para ir a parar a algún ámbito empírico de formas desprovistas de emoción; por el contrario, es sumergirse en medio de tales problemas. La vocación esencial de la antropología interpretativa no es dar respuestas a nuestras preguntas mas profundas, sino darnos acceso a respuestas dadas por otros, que guardaban otras ovejas en otros valles, y así permitirnos incluirlas en el registro consultable de lo que ha dicho el hombre (Geertz, 2001: 40).
Es esto lo que se analizará: lo que dice el joven, el discurso del estudiante que directa o indirectamente vive situaciones violentas dentro y fuera del plantel como algo recurrente dentro de su mundo natural. Éste, según Greimas, es el mundo de la cotidianidad, el mundo del sentido común que corresponde a una estructura de superficie en la que se da todo tipo de relaciones entre sujeto/objeto y sujeto/sujeto y donde, igualmente, se materializa todo tipo de prácticas discursivas mediante el uso de las lenguas naturales. Este mundo se constituiría sobre una estructura profunda que correspondería, entre otros, al orden físico, químico o biológico del universo (Greimas & Courtés, 1993). Mèlich, desde la perspectiva fenomenológica, llamaría mundo de la vida a este mundo natural. Según él, “el mundo de la vida es el mundo de la actitud natural” (Mèlich, 1994: 73) que, como afirma Greimas, es configurado y estructurado semióticamente por quienes hacen parte de él.
En este sentido, lo que interesa en la investigación es la manera como los jóvenes que comparten cierto entorno sociocultural, y han vivido en carne propia situaciones de violencia en los planteles, hablan de sus experiencias y mediante ciertas manifestaciones discursivas, contrastables o comparables entre ellas y con ciertas evidencias de las acciones de su cotidianidad. El predicar sobre la experiencia violenta en el entorno escolar es, entonces, una forma de manifestar los valores personales y colectivos que atañen al fenómeno de la agresividad, pero estas axiologías no pertenecen solamente al decir de un sujeto particular, sino que están ancladas en el sentido común y en la praxis enunciativa de la cultura de un nosotros.
Así, por medio de las prácticas discursivas, los jóvenes ponen de manifiesto la representación que cada uno tiene de sí mismo y del otro y expresan el sentido que dan a lo que hacen, piensan, sueñan y ven al interior de su universo simbólico. Al respecto, Rosaldo señala que, de hecho, “el estudio de toda cultura empieza con la comprensión de cómo las personas se entienden a si mismas” (Rosaldo, 1997: 30).
Cultura como semiosfera
El complejo universo sígnico o ese abstracto, polisémico y algunas veces inasible concepto llamado cultura, también entendido en algunos ámbitos como “sistemas de interacción de signos interpretables” (Geertz, 2001: 27) es lo que Iuri Lotman denominaría semiosfera. Ésta tiene diversas formas de manifestarse, entre ellas, por medio de textos particulares que ella produce a través de sus actores y en los cuales subyacen los rasgos naturales de toda la esfera que los produce. Lotman plantea que no hay signos ni sistemas de signos aislados, pues necesariamente todos ellos se interrelacionan conformando todo un tejido de significación. Frente a esto, el autor propone un nuevo enfoque partiendo de la base de que no existen sistemas por si sólo funcionales, sino que éstos se construyen en la relación con otros sistemas. Separados no funcionan, necesitan estar inmersos en un continuum ocupado por formaciones semióticas de diversos tipos y que se hallan en diversos niveles de organización. En este continuum o semiosfera “estamos inmersos, allí entran, ya sea las lenguas naturales, como los signos, los símbolos y cualquier fenómeno cultural” (Lotman, 1996: 23).
Si bien el concepto de semiosfera es un modelo abstracto de la dinámica semiótica de entornos culturales, en esta investigación se puede proponer la definición del universo de los jóvenes como una semiosfera o, al menos, como una de sus zonas o territorios. El acercamiento se efectúa, como se ha dicho, a través de los relatos que los estudiantes construyen a partir de sus experiencias de confrontaciones violentas.
Un ejemplo
Mediante el análisis de los relatos expresados discursivamente por estos estudiantes, y en especial del uso particular del lenguaje durante las interacciones ofensivas que incitan y materializan la violencia, se pueden identificar, dentro de la enunciación, las dinámicas de producción efectiva del discurso ofensivo (génesis, puntos de vista, posicionamiento de ciertas palabras y expresiones como figuraciones de isotopías, etc.) y determinar los sistemas de valores que subyacentes en las acaloradas interacciones donde domina la discordia, el irrespeto y la agresión verbal que en algunas ocasiones culmina con la agresión física.
A manera de ilustración del discurso manejado en el universo de investigación, se presentan, fielmente trascritos, con sus anomalías originales, estos dos ejemplos tomados de unos textos escritos, realizados a partir de preguntas hechas a algunos de los estudiantes del plantel:
Entrevistador: ¿Por qué, en algunos casos, los problemas son “arreglados” a golpes?
Informante: Para aserse respetar para que no gane mucha confianza con uno Para que no lo cojan de parche por que eso es mui ijue… que lo esten insultando a cada rato por eso es que uno debe ser parado en la raya y todo y no dejarsela montar de nadie.
Entrevistador: ¿Cómo es visto alguien que no desea pelear?
Informante: Que no se le ben las ganas de no meterse con nadie es alguien que no molesta a nadie asi uno lo moleste no ba lograr que le pele asi este en sima de el a cada rato en sima eso no ba a canbiar asi uno lo insulte lo que pueda el nunca ba a cambiar. Pero tan bien lo ben como un manchon como un miedoso como un bobo como un tonto lo cojen de parche no lo respetan lo achantan delante de los conpañeros y los otro alumnos lo insultan de cagalera inmunda y por eso es que tiene que despertarse para ver las cosas como son en realidad
Como puede apreciarse, en una lectura superficial se pueden formular algunas premisas como parte de una hipótesis de lectura comprensiva e interpretativa. En estos pasajes se evidencia gran parte de los imaginarios de los jóvenes y algunas figuras que corresponden al sistema axiológico en el que se basan sus interacciones, unos valores en los que el honor y la hombría rigen la percepción del mundo y el hacer de los sujetos: ellos se imponen hacer respetar, a toda costa, sus propias cualidades o atributos con respecto de estos valores, de lo contrario, caerían en la burla, la vergüenza, el escarnio público. Así, estos elementos (honor, hombría, burla y vergüenza, etc.) ofrecen valiosas figuraciones para adentrarse en la descripción de unas jerarquías axiológicas, pero también en los efectos pasionales en la enunciación de la ofensa y en el relato que se construye de esta experiencia intersubjetiva. Además, este tipo de textos ofrece las claves para analizar fenómenos relacionados con el sentido común como una poderosa instancia de enunciación que hace obrar de determinada manera a los actores sociales y decir sobre las sensibilidades y percepciones que los estudiantes tienen de su experiencia sociocultural. Esta experiencia está arraigada en un proceso más amplio y complejo asociado a la forma de vida de una cultura.
En cuanto a la dimensión cultural del fenómeno, una aproximación para su caracterización como dinámica de la cultura se hace posible a través de la concepción del sentido común (enunciado en los textos) como un despliegue pasional que responde a esquemas y marcos de comportamiento social. El sentido común puede ser entendido como aquel sustrato inherente al mundo natural en donde los hablantes celebran una especie de contrato tácito. Éste se construye sobre un particular razonamiento colectivo y un modo más o menos homogéneo de percibir la realidad, lo cual establece entre los actores sociales una lógica universal que determina su actuar en ciertos momentos y les genera cierta sensación de lucidez frente a las cosas del mundo. Acerca del sentido común, Geertz plantea que el “sentido común muestra de una manera particularmente evidente el impulso sobre el que se construyen esos complejos y el deseo de representar el mundo de forma distinta” (Geertz, 1994: 107). Aprehender esta sabiduría coloquial es posible a través de las operaciones discursivas y el seguimiento analítico de efectos de sentido en los textos.
Geertz establece cinco características principales del sentido común: 1) la naturalidad como propiedad modal que caracteriza al sentido común en sí mismo; 2) la practicidad como cualidad que las cosas le otorgan al sentido común; 3) la transparencia; 4) la asistematicidad que remite a “la vez esos placeres de la inconsistencia que son tan reales para todos excepto para los mas escolásticos de los hombres” (Geertz, 1994: 108); 5) la accesibilidad que se desprende como consecuencia lógica del resto de cualidades. Varias de estas características del sentido común que envuelven al joven en su espacio socio-cultural (como en el caso del ejemplo antes citado) se hacen presentes en las respuestas dadas por los estudiantes respecto a preguntas como las que siguen:
Entrevistador: ¿Qué es lo que a usted más le ofende que le digan o le hagan?
Informante: Que me saquen la madre o que me insulten aun ser querido porque eso es mui boleta que lo esten insultando acada rato eso se puede ir acosas serias osea puede ser alos golpes alos puños o alas puñaladas porque uno por la cucha y por la familia se hase asta matar tambien
Que me pongan sonbrenombres
Que me digan manchón loca o cagalera
Que me digan loca marica o omosexual
Que me toquen la cara o lacola
Que me digan mariguareno o pepe o fumado
Que me digan ratero
Que me digan pirobo o yoli
Que me hagan perder la materia
Que me insulten ala nobia o que me la inrrespeten manosiandola
Que me sapeen o me echen laculpa de algo que no hise
Que me pongan a firmar el observador y que me yeven a cordinación
Entrevistador: ¿Qué es para usted una pelea?
Informante: Para mi una pelea es una forma de saberse respetar de que no lo esten insultando que no lo molesten asi uno se gana el respeto de los demas parandose en laralla
Entrevistador: ¿Cómo reacciona usted ante una ofensa?
Informante: De pende de cómo sea la ofensa si es de groserias se responde igual pero si la ofensa es mallor se debe que tomar medidas drasticas debemos irnos alos traques o a puntiarnos osea darnos cuchillo o patecabra o como sea por que una ofensa es una ofensa donde sea.
Geertz plantea que la forma de demostrar que el sentido común es un sistema cultural, que manifiesta un orden increado y que podemos descubrir empíricamente y formular conceptualmente, es “mediante el peculiar desvío que supone la evocación de sus tonos y pensamientos generalmente reconocidos, el intransitado camino lateral que nos conduce, a través de predicados estructurados metafóricamente, a recordar a la gente lo que ya sabe” (Geertz, 1994: 115). Es, en estos textos que pueden ser analizados y descritos, mediante el metalenguaje de la semiótica, esos “tonos” o matices de la construcción de sentido. Es ahí, donde se puede refigurar el mundo mediante el empleo de ciertos tecnicismos para hablar de la misma lengua; por ejemplo, el relacionado con las isotopías presentes en el texto. Así, vemos como el estudiante entrevistado ofrece en su discurso un haz de categorías alusivas al adjetivo calificativo amilanado, amedrentado o intimidado de la siguiente manera: manchón, cagalera inmunda, miedoso, bobo, tonto, etc.
Análisis semiótico del discurso
El análisis de los textos y de las operaciones discursivas en torno a la ofensa se hará, para el caso de la investigación que aquí se propone, con el análisis semiótico del discurso, puesto que esta propuesta teórica y metodológica permite abordar, al interior de estas interacciones asumidas como estrategias comunicativas y de supervivencia social, una cierta configuración actancial de los sujetos (estudiantes), no sólo de quienes se enfrentan, sino también de los observadores del conflicto como es el caso de los simpatizantes, los opositores, los azuzadores o “carboneros”, los vigilantes en contra de la riña, los vigilantes que la favorecen, “los que cantan la zona”, las autoridades y los espectadores casuales. Todos estos sujetos, a través de su presencia simultánea en un espacio determinado, participan cotidianamente en un escenario común del plantel escolar, lo que constituye el marco de la situación de enunciación oral prototípica (Casalmiglia, Tusón, 1999:30); se trate de la interacción verbal en el acto o del relato que de ella se hace a través de textos escritos por los estudiantes.
Igualmente, el análisis semiótico del discurso posibilita la comprensión de la manera en que estos textos se elaboran y manifiestan categorías de organización del mundo (dimensión cognitiva del discurso) y, como se ha mencionado arriba, el análisis de los efectos pasionales y su figuración con el lenguaje. Los textos, elaborados por los estudiantes (y también las producciones orales que se obtengan a través de entrevistas) deberán ser definidas como un tipo de discurso específico (composiciones provisionales, en el caso de los relatos elaborados en el aula o como parte de la actividad de aprendizaje), etc.
El análisis semiótico del discurso brinda la posibilidad, por un lado, de comprender la estructura de los textos como un complejo sistema de signos que se interrelacionan y organizan internamente en función de un sentido específico, en donde el mismo texto limita las interpretaciones relevantes de las del terreno de la especulación. Por otro, también permite analizar el papel mediador del texto, entre el individuo y la cultura a la que pertenece, y cómo ésta plasma sus imaginarios y percepciones de su mundo cotidiano a través del mismo texto (Fontanille, 2001).
A lo largo de la investigación, se tendrá en cuenta las circunstancias de producción del discurso verbal de estos jóvenes, ya que el estudio del enunciado aislado, sin un contexto, carecería de sentido. Rosaldo afirma que todo objeto cultural debe ser entendido dentro del contexto que le otorga su sentido, es decir, “en su contexto local las “cosas” se pueden volver legibles” (Rosaldo, 1997: 31). Al respecto, Joseph Courtés señala que este tipo de condiciones, en los que la enunciación se da, revelan una naturaleza o
un orden que bien puede ser de tipo social, económico, histórico, jurídico, económico, religioso, filosófico, etc. Las mismas que se supone explican la composición y las características de un determinado texto: Se trata entonces, de descubrir, más allá del discurso estudiado, cuál es la razón de ser, lo que justifica su producción (1999: 353-354).
Así, mediante el análisis de las prácticas enunciativas de estos jóvenes se puede comprender e interpretar más acertadamente el mundo del joven desde su entorno socio-cultural, sus mediaciones expresivas, sus imaginarios y sistemas de valores, los cuales constituyen elementos fundamentales en la construcción de su identidad como individuo y parte de una colectividad. De este modo, al articular este universo de significados con el fenómeno de la violencia escolar a través de la investigación semiótica, podremos generar muchas inquietudes y, desde nuestros alcances, contribuir oportunamente en el tratamiento de esta problemática, proponiendo nuevas y más eficaces estrategias de mediación y convivencia pacífica.
Bibliografía
CALSAMIGLIA, H., & TUSÓN, A. (1999). Las cosas del decir, Barcelona, Ariel.
COURTES, J. (1991). Analyse sémiotique du discours, Paris, Hachette.
FONTANILLE, J (2001). Semiótica del discurso, Lima, Fondo de Cultura Económica, 2001.
GEERTZ, C. (2001). La interpretación de las culturas, Barcelona, Gedisa.
GEERTZ, C. (1994). Conocimiento Local, Buenos Aires, Paidós, 1994.
GREIMAS, J., & COURTÉS, J. (1993). Sémiotique. Dictionnaire raisonné de la théorie du langage, Paris, Hachette.
LOTMAN, I. (1996). La semiosfera. Semiótica de la cultura y del texto, Madrid, Cátedra.
MÈLICH, J. (1994). Del extraño al cómplice. La educación en la vida cotidiana, Barcelona, Anthropos.
ROSALDO, R. (1997). A note on Geertz as a Cultural Essayist, en Representations, No. 59.
Rosales, Horacio (2006). Représentations de la culture de soi et de la culture de l’autre dans le discours éducatif universitaire en Colombie. Analyse sémiotique. Tesis doctoral. Limoges : Universidad de Limoges, Centro de Investigaciones Semióticas CeReS, 2006.
Tomado de: Revista S, órgano de difusión de la Maestría en semiótica, Universidad Industrial de Santander, Vol. 2, No. 2, junio de 2008, p. 142-150.

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