lunes, 26 de mayo de 2008

LOS AÑOS 60 DETRÁS DE LA CORTINA DE HIERRO

You are wrong, foto de Danny Hammontree.


Entrevista con el crítico checo Emil Volek

Por: Claudia Mantilla Durán, estudiante e investigadora de la Maestría en semiótica, UIS; Idania Ortiz Muñoz, Magister en semiótica, UIS.

En días recientes (abril, 2008), la comunidad estudiantil de la UIS tuvo oportunidad de escuchar al pensador checoslovaco Emil Volek, quien se encontraba en nuestra ciudad (Bucaramanga)invitado por la Maestría en Semiótica. Cátedra Libre y las emisoras de la UIS conversaron con este intelectual y exploraron cómo se vivieron los años 60 en Europa, desde una perspectiva poco conocida por el mundo occidental.

¿Cuál fue su experiencia en lo que se conoce como la Primavera de Praga?

La viví con mucha esperanza y gozo, desde el relajamiento de las restricciones de la sociedad que todavía era bastante totalitaria. Los años 60 me parecían de poca libertad y, cuando la perdimos completamente después de la invasión del país por los rusos y otros países del Pacto de Varsovia, me di cuenta de ¡lo maravillosos que eran los años 60! La Primavera de Praga fue especialmente bonita, tuvimos muchas esperanzas de que el socialismo, el comunismo, pudieran humanizarse; no pedíamos capitalismo, no sabíamos qué era, ¡no pedíamos peras al olmo! Solo cosas sencillas; eso les pareció peligroso a los jerarcas. Y me parece que hay una perversa coincidencia: los jóvenes del Este como del Oeste, pedían aperturas y, curiosamente, los dos sistemas se asustaron y tuvimos una reacción conservadora de los dos lados de la cortina de hierro, frente a los movimientos estudiantiles en Francia y en Alemania, como después de la intervención en el 68 en Praga. En Checoslovaquia uno no entendía bien el movimiento estudiantil, que quería introducir lo que nosotros queríamos echar. Solo cuando logré salir del país, empecé a atar cabos de lo que pasó y, ahora entiendo que aunque esos movimientos no venían de las mismas fuentes, coincidieron: ellos buscaban más libertad, nosotros también y, quedamos frustrados de los dos lados.



¿Cuál fue el impacto que causó la Primavera de Praga en los artistas y pensadores?

Los artistas, estaban en la vanguardia del movimiento político pero, por otro lado, estaban concientes de que ese proceso tenía que ser paulatino pues, estábamos asustados por no asustar; teníamos más libertad pero no debíamos abusar, porque podíamos asustar a esa jerarquía que todavía tenía fuerza. Pudimos volver sobre los tabúes, hablar sobre el asesinato tal, los procesos políticos tales; ese abrir las compuertas de la verdad, fue lo más peligroso para el sistema.

¿Cuál sería la incidencia, si la hubo, en la Estética y sus teorías?

Fue un proceso de transformación entre los años 50 y 60. Desde la adopción de la Estética marxista ortodoxa, hasta buscar matices. Se volvió sobre ciertos escritores prohibidos como Kafka que en los 50 hasta el comienzo de los 60 fue proscrito. Curiosamente esos detalles, como leer a Kafka, abrieron una nueva etapa. En la dimensión teórica, se repensó el marxismo en términos más concretos y liberales. Cuando llegaron los rusos, no cesaron inmediatamente las libertades de expresión; fue un proceso de cerrar y cerrar y, al final, no pudieron publicarse ciertos libros. Igual sucedió con el teatro y el cine, lo que no logró salir antes de cierta fecha ya no existió. Los grandes escritores y algunos científicos huyeron, otros como yo no quisimos. No fue una decisión fácil. Pensaba que a lo mejor se podía mantener cierta libertad, que habría retrocesos pero no completamente. Pero lo que ocurrió no fue un retroceso de un par de pasos, sino una de las purgas más sucias como las de los años 40, 50, después del golpe comunista. Al echar a todos, quedaron en las cabezas de las instituciones exclusivamente los miembros del partido; eso nos pasó en el Instituto de la Academia de Ciencias donde yo trabajaba. Las consecuencias de la Primavera de Praga fueron nefastas, una devastación cultural total, 2 o 3 generaciones de la intelectualidad checa, destruidas

¿Cuál es su visión respecto del Mayo del 68?

No nos enteramos del Mayo del 68, del otro lado de la cortina de hierro. Se nos daba poca información y, no sabíamos qué pasaba. Después, al estar en Alemania como profesor visitante, de repente veo a los estudiantes que querían hacer un mitin y yo no entendía porqué. Mientras que los profesores alemanes al escuchar el rumor se encerraron en sus oficinas, yo dejé la puerta abierta y se metieron en mi oficina (risas) y, claro, querían dialogar, pero me dije “¿yo qué pinto acá?”; estuvieron ahí como una hora, perplejos y luego se fueron. Los profesores se rieron y me dijeron: “Cuando suceda esto tienes que encerrarte, bajo llave, y no dejar entrar a nadie”. Y yo dije: “¡bueno!, de mi país me sacaron los comunistas y ahora ustedes me están sacando de la oficina” (risas). Entonces, sólo al estar fuera de Checoslovaquia empecé a poner todo en perspectiva.

¿Y cuál es esa perspectiva?

Que, desde niveles de libertad distintos, uno muy bajo en mi contexto socialista-comunista y, uno más alto en la sociedad occidental, la generación joven pidió cierta apertura. En mi país estaríamos felices con la libertad que del otro lado de la cortina de hierro había pero, los jóvenes, querían más. Fue una especie de florecimiento, que cuestionó los esquemas pasados y pidió algo distinto, más humano y libre. Infortunadamente, se dio un paralelo no sólo del florecimiento sino de la represión que se expresó en el retroceso y repliegue conservador de las dos sociedades..

¿Cuáles fueron las ideas promovidas en la revolución de los años 60 en Europa?

En nuestro contexto simplemente fue más bien un deseo de abrir un poco el sistema, dejar viajar a los jóvenes y dar más libertad de expresión para el cuestionamiento del sistema que no era tan transparente como se creía. Por su parte, del lado de Europa Occidental abundaban las ideas de liberación sexual, “el hombre unidimensional” y todas esas propuestas de la Escuela de Frankfurt, que luego fueron propagadas en los Estados Unidos en Brooklyn, esa fuente de todo lo perverso (risas). En los Estados Unidos fueron importantes los movimientos de Derechos Civiles, las protestas contra la guerra de Vietnam. En Europa, los movimientos estudiantiles fueron reprimidos. De ahí, una actitud completamente distinta, lo que en Francia provocó la amargura y el desengaño pos moderno, no se sintió de esa manera en los Estados Unidos.

La ideología política del momento influenció el pensamiento de algunos filósofos, ¿qué piensa de esto?

Para nosotros, fue muy importante el filósofo checo Karel Kosik con su dialéctica de lo concreto, ese transformar las grandes visiones de la realidad en procesos concretos y, así ir cambiando el pensamiento marxista. Recuerdo que cuando viví en Cuba en el año 66, se decía que los técnicos soviéticos no ayudaban mucho a resolver problemas, porque cuando les hacían una pregunta concreta, sacaban el volumen de obras completas de Carlos Marx y, leían un pasaje sobre la lucha de clases; en cambio, les gustaba trabajar más con los técnicos checos, porque solucionaban problemas precisos.

Podría decir que los años 60 fueron toda una vuelta a la realidad pero que ésta no se dejó captar fácilmente. Se produjeron conflictos al probar hasta qué punto esa filosofía marxista se adaptaba o no, o tenía que abrirse, en ese momento surgió un número de obras interesantes, precisamente porque esa filosofía no estaba todavía congelada como una doctrina. Ese reencuentro con la realidad fue vital, en él participó un número de filósofos e historiadores que volvieron sobre la historia e incluso sobre la historia del partido comunista y, revelaron detrás de aquella construcción social inamovible, otra realidad. Eso me parece que también ocurre en América Latina en estas décadas, los discursos provenientes de los años cincuenta, sesenta, están tan podridos que no se pueden ni escuchar y , sin embargo , hay una capa de intelectuales que sigue “al pie del cañón” de una manera ¡terrible!. Cuando uno piensa que China, África e India se están modernizando y aquí, los intelectuales todavía siguen mirándose el ombligo, ¿qué somos?, ¿qué podemos ser?, ¿cómo es el tema de nuestra identidad?, ¡por favor! El intelectual ha sido un fracaso total en el siglo XX. Es tiempo de hacer una autocrítica.

¿Podría trazar un paralelo entre América Latina y Europa en los años 60?

En varios países latinoamericanos como Argentina y México, por ejemplo, tuvimos movimientos estudiantiles análogos a los de Europa. Movimientos que se inspiraron en los acontecimientos externos pero que, emergieron en condiciones locales diversas. En Argentina se vivió una crisis del populismo y otra, de los gobiernos militares que, desembocaron en una democracia incompleta, es decir, ¿cómo puede haber una democracia, si el partido que representa el 50 % de la población no puede presentarse a elecciones? esta conciencia de fracaso empezó a sentirse en el sur. En México hubo un éxito en cierto sentido, el movimiento estudiantil tuvo su inspiración en Europa y Cuba, quería abrir el sistema y, no dar marcha atrás en los logros alcanzados después de la Segunda Guerra Mundial, pero luego la empezaron a pagar caro pues el manejo político de la economía cada tanto llega a su fin, sobrevino la crisis de los 70 y, se derrumbó México, pero no el movimiento estudiantil.

¿Cuáles de los planteamientos esbozados en el pensamiento de los años 60, podrían integrarse a la actualidad?

Los 60 representaron cierta efervescencia juvenil, yo abogaría por una actitud crítica más sosegada, nos entusiasmamos más con un cambio radical de la realidad que con una transformación paso a paso que deja resultados más sólidos que esas promesas de transformación total. Me gusta ese empeño juvenil de decir “nosotros sí podemos hacer el cambio” pero, no me gusta cómo ese entusiasmo es encausado particularmente en América Latina, con resultados sangrientos en la juventud. Igual sucede en Colombia, esos movimientos revolucionarios iniciaron con idealismo y ¿dónde terminaron? Creo que se debe dejar de creer que uno tiene toda la verdad y que a los otros, a esa vanguardia revolucionaria -llamémosla pueblo-, hay que arrastrarla a la fuerza. Hay que ser muy crítico y sospechar de las grandes promesas.

Algunos historiadores piensan que los años 60 fueron el último coletazo del cristianismo, ¿qué piensa de eso?

¿Qué es más absurdo, decir que el hombre como primo hermano del mono es la última autoridad del universo? o, pensar que puede haber alguna inteligencia que nosotros no sabemos cómo nombrar o entender. Uno tiene una posición un poco ortodoxa pero, puede aceptar que alguien es budista, islámico o católico, es decir, me parece que después de la lucha feroz de la modernidad que heredamos del siglo XVIII, contra la superstición, se introdujeron otras supersticiones, la omnipoderosa razón que, hoy en esta “putativa” pos modernidad uno puede relajar y, admitir que no todo se explica por la ciencia y por la razón. No creo que la religión desaparezca, ni creo en los fundamentalismos en contra de la modernización, otra manera de retroceder a la Edad Media, podemos ser más relajados, sin ir al extremo de una “new age religión” o tonterías por el estilo, creo que es momento de entender que no entendemos, entonces, si a ese no entender se le ve algo de religión o de fuerzas superiores, ¡así sea!

Kiki Smith. Sin título. 1992.

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