martes, 6 de mayo de 2008

"ESTORAQUES", DE EDUARDO COTE LAMUS: METÁFORA DE LA TEMPORALIDAD

Sin título. Fotografía de Henry Forero, 2007.

Propuesta de análisis semiótico
Por Jimmy Fortuna, profesor externo de la Licenciatura en español y literatura y estudiante-investigador de la Maestría en semiótica, Universidad Industrial de Santander.

Este texto hace parte de un proyecto de investigación semiótica y trata de presentar, brevemente, algunas ideas acerca de la posibilidad de considerar la obra Estoraques (1963), del poeta colombiano Eduardo Cote Lamus, como una metáfora de la temporalidad.


La obra como metáfora

J. Greimas y J. Courtés, en la reflexión que plantean sobre el término “sentido”, establecen que éste es una “propiedad común a todas las semióticas” [1]. En la investigación que se propone, sobre el análisis temporal en el poema Estoraques, del escritor nortesantandereano Eduardo Cote Lamus, se pretende indagar sobre el sentido del tiempo que subyace en esta creación poética tomada como una práctica discursiva que está en el ámbito literario.

Paul Ricoeur en su obra Del texto a la acción expresa que: “el texto es un discurso fijado por la escritura. Lo que fija la escritura es, pues, un discurso que se habría podido decir, es cierto, pero que precisamente se escribe porque no se lo dice” [2]. Partiendo de estas referencias, se tomará a Estoraques, publicada el “17 de agosto de 1963 siendo Ministro de Educación Nacional Pedro Gómez Valderrama y Jefe de División de Divulgación Cultural Fernando Arbeláez” [3], como un texto que, como lo definen Greimas y Courtés se emplea a veces en sentido restringido cuando la naturaleza del objeto elegido, como la obra de un escritor, impone los límites [4].


Por otro lado, Iuri Mijáilovich Lotman [5] definió el texto como un complejo dispositivo que tiene diversos códigos y que básicamente es un “generador de sentidos”. Aunque, a partir de lo expresado por este profesor de la Universidad de Tartu, “el texto es un espacio semiótico en el que interactúan, se interfieren y se auto-organizan jerárquicamente los lenguajes” [6], la labor del lector será tratar con el texto y llegar a comprender tanto las relaciones intratextuales como las extratextuales y las que se produzcan de enfrentar unas con otras; estos aspectos serán tenidos en cuenta en el análisis del poema de Cote Lamus, para lo que se requerirán de herramientas metodológicas para explorar en dichos terrenos.

Al respecto de la pesquisa de estos aspectos del sentido de un texto, Umberto Eco manifiesta que “la iniciativa del lector consiste en formular una conjetura sobre la intentio operis. Esta conjetura debe ser aprobada por el conjunto del texto como un todo orgánico” [7]. En el caso particular de la investigación, se busca realizar el análisis de los regímenes del tiempo que se hacen presentes en la obra objeto de estudio, partiendo del hecho de que en el poema se hace un recorrido histórico por diferentes momentos y períodos de la humanidad que el autor relaciona, partiendo de esas “formaciones de tierra y arenisca” [8], ubicadas a espaldas del municipio de La Playa (Norte de Santander), que sirvieron de motivo y excusa para establecer una reflexión poética sobre el tiempo.

La conjetura parte de un proceso de lectura que, como lo plantea el filósofo Ricœur: “es posible porque el texto no está cerrado en sí mismo, sino abierto hacia otra cosa; leer es, en toda hipótesis, articular un discurso nuevo al discurso del texto” [9]. El discurso que se pretende organizar gira en torno al análisis de esa gran metáfora que está figurada en el texto de Cote Lamus. Para adentrar en esta forma de considerar la obra Estoraques como una metáfora, los aportes del filósofo Paul Ricœur en La metáfora viva y de George Lakoff y Mark Johnson en Metáforas de la vida cotidiana son de gran importancia. Ricœur propone estudiar este fenómeno no enfocando el análisis hacia la palabra, sino hacia el discurso; en este caso, el poema deberá ser considerado como un gran “enunciado metafórico”, dado que es la enunciación lo propio de la actividad discursiva.

En el título Estoraques se da un fenómeno que ya había considerado por Benveniste, quien expresaba que “las palabras, a causa de sus posibles correlaciones, adquieren nuevos valores que antes no poseían y que son incluso contrarios a los que tenían antes” [10]. Al buscar la definición de estoraques en el diccionario, éste alude a un árbol de aproximadamente seis metros de altura, lo que, literalmente, no coincide con el lugar ni con las ruinas o deformaciones geológicas que dieron vida al poema. En este caso, el sentido de esta palabra rebosa los límites de lo corriente y va más allá para crear un juego de posibilidades interpretativas [11] que se apoya en todos los elementos que hacen parte y conforman ese entramado llamado Estoraques y que coincide, de cierta forma, con Ricœur cuando él señala que “el único criterio de la metáfora es que la palabra proporciona dos ideas a la vez” [12], lo que origina esa complejidad ideada por el poeta. Como se ha visto, el filósofo francés sostiene que “el constitutivo de la metáfora es un enunciado entero, pero la atención se concentra en una palabra particular cuya presencia justifica que el enunciado se considere como metafórico” [13]. Uno de los desafíos de la investigación sobre este texto de Cote Lamus será la de precisar el valor del título con respecto de toda la obra y sus figuras de la temporalidad.

En El intervalo perdido, de Gillo Dorfles, obra en la que se aborda el concepto de ostranenie, se recogen algunos aspectos tratados por Mukarovský, Chklovski, Jakobson y Tinianov sobre el extrañamiento como fenómeno condicionante de lo poético y se apela a la capacidad camaleónica que tienen las palabras, no solamente en el terreno artístico y literario: “La palabra no tiene un significado preciso. Es un camaleón en el que se manifiestan no sólo diferentes matices sino también diferentes coloraciones” [14]. Justamente, esto es algo que se desencadena en el título de la obra del poeta nortesantandereano y que será inevitable explorar y analizar.

Además de todo lo tratado anteriormente, habrá que determinar hasta qué punto, por qué y cómo la obra escogida de Cote Lamus es una metáfora de la temporalidad. Para ello, no solamente se tendrá en cuenta el título, sino muchos elementos de la obra pertinentes para determinar las condiciones de significación de esta construcción literaria. El lingüista George Lakoff y el filósofo Mark Johnson explican que en la mayoría de los casos las metáforas “dan expresión a realidades abstractas en términos de otras más concretas, del universo de acción y experiencias humanas” [15]; nuestro objeto de investigación no escapa de ello, pues en él se tiene presente esa idea abstracta del tiempo, que es inasible, asociada a algo concreto como lo son las ruinas geológicas que sirven de punto de partida para conducir a una reflexión que se aloja en terrenos tanto filosóficos como propiamente ontológicos. Sobre este particular, el profesor Juan Pabón Hernández comenta sobre Estoraques que tal vez esta obra sea “la configuración del tiempo… inexpugnable, incierto” [16]. Se parte de algo concreto y tangible para dilucidar metafóricamente sobre un aspecto impreciso; como lo señalan Lakoff y Johnson, la metáfora no es sólo un asunto de lenguaje, va más allá e implica aspectos de nuestra experiencia como lo sensorial, color, forma, sonido, entre otros.

Por otro lado, la segunda idea que se esboza en nuestra investigación es la de interpretación de la metáfora como un trabajo de abducción peirceana. Umberto Eco plantea que en el trabajo interpretativo, como en el de la metáfora o la obra literaria, la abducción consiste en que “mi hipótesis deberá ser sometida a prueba para poder transformarse en una ley” [17] o, más bien, en una explicación que pueda ser verificada y corroborada con el texto mismo. Adicional a esto, Eco señala que es más prudente “analizar el mecanismo según el cual se interpretan las metáforas” y que es imprescindible acercarse al “enunciado metafórico partiendo del principio de que existe un grado cero del lenguaje” [18] en el que la interpretación metafórica trabaja sobre unas “funciones sígnicas” que permiten expresar inferencias que, de una u otra manera, pueden amplificar su sentido.

En el caso de esta investigación, habrá que identificar y analizar todos los referentes y la amplia enciclopedia que reúne el poema Estoraques, ya que en él, aparecen elementos intertextuales e intratextuales. Ahora bien, en ese proceso interpretativo de las hipótesis difíciles o de las abducciones que postula Eco, será fundamental descubrir ese mundo que se despliega del texto y cómo es mostrado y demostrado. Asimismo, dentro de la propuesta peirceana, es trascendental llegar a una interpretación satisfactoria que dé cuenta del texto y que “justifique no sólo el enunciado metafórico sino también todo el contexto en que aparece” [19]. Por lo tanto, la investigación semiótica sobre Estoraques buscará dilucidar todos esos elementos o múltiples sentidos que están en la obra con respecto del “tiempo se hace tiempo humano” [20]. Desde la óptica de un actante o de quien realiza o el que sufre el acto, independientemente de cualquier otra determinación [21], el tiempo está asociado, necesariamente, a figuras o representaciones del espacio con quien mantiene una articulación ineludible.

La intertextualidad de la obra

Para Greimas y Courtés, el mundo natural es el “fenómeno según el cual el universo se presenta al hombre como un conjunto de cualidades sensibles” y es visto como un “enunciado construido por el sujeto humano y descifrable por él” [22]. Esta definición se vincula con los planteamientos de la obra Análisis semiótico del discurso, de Courtés, en la que se analizan diversos elementos de la enunciación, específicamente los relacionados con los sistemas de valores y la dimensión semio-narrativa del discurso. Muchos de esos elementos del mundo están presentes, bajo determinadas figuras, en Estoraques, obra que se tomaría como un objeto realizado por el acto de enunciación [23] y cuyos constituyentes están dispuestos para ser activados en el proceso de lectura, lo que daría lugar a una reactualización del poema, de su significado. Para ello, desde la perspectiva metodológica del análisis semiótico que apunta hacia una hermenéutica de la obra, será de vital importancia contextualizar el poema, comprender el momento en que fue configurado y hacer, con ella, un reconocimiento de su pertenencia a las esferas del mundo según el modelo de la triple mimesis propuesto por Ricœur. En este modelo, la mimesis I se define como la prefiguración o “el antes” de la obra literaria (o la mimesis II); la mimesis III es la refiguración o “el después” en el que se produce el sentido de la obra a través del acto de lectura.

Por otra parte, Jacques Fontanille plantea en su artículo Semiótica de los textos y de los discursos (método de análisis), que el objeto del análisis semiótico es la significación y “ello podría (o debería) estar en relación con todas las disciplinas provenientes de las ciencias humanas y sociales cada vez que ellas se esfuerzan en la emergencia del sentido” [24]. Esto se comprende mejor al ver que en Estoraques es explícita la reflexión filosófica, pues hay unas menciones y unas preocupaciones metafísicas y ontológicas sobre el enigma y aporía del tiempo. Para abordar estos planteamientos y articularlos con nuestro análisis, se tendrán presentes las conexiones intertextuales que remiten a las propuestas de san Agustín, Heidegger y Ricœur, respectivamente, sin desviarnos, por ello, del análisis de la temporalidad figurada en la obra objeto de estudio. Esta vinculación es similar a la que plantea el profesor Jan Mukarovský al expresar que las llamadas ciencias humanas, cuando abordan el análisis de las obras de arte: “se interesan particularmente por los problemas del signo […] cuyos objetos de estudio poseen un carácter sígnico […] en virtud de su doble existencia en el mundo de los sentidos y en la conciencia colectiva” [25]. Éste es, precisamente, el elemento articulador entre las disciplinas de las ciencias humanas, las cuales comparten esta misma preocupación por el signo, la entidad que forma parte del proceso de significación [26].

En el texto poético de Cote Lamus emerge una serie de diálogos con diferentes disciplinas (historia y filosofía). Con los aportes que se obtengan de éstas, se precisarán los elementos que puedan articularse a la “conjetura” interpretativa de la obra y que está orientada a vislumbrar no sólo cuáles son los regímenes temporales, sino también las implicaciones interpretativas de ellos en la creación de un mundo posible que puede coincidir o no con las experiencias del mundo evaluado a través de la obra literaria y con la experiencia del enunciatario.

Consideraciones sobre la obra

Estoraques, de Eduardo Cote Lamus, es un poema que está dividido en ocho partes independientes entre sí, pero que, al mismo tiempo, integran una totalidad vinculada por la unidad temática de la temporalidad. Es importante destacar que la primera publicación de esta magna obra está acompañada de una nota preliminar, escrita por un colega de Eduardo Cote Lamus, Hernando Valencia Goelkel, quien participó activamente en la creación, presentación y publicación de la revista Mito y quien dilucida, debido a la complejidad del poema, toda la trayectoria y recorrido poético y artístico del autor cucuteño. Además, el libro Estoraques está acompañado por una serie de fotografías tomadas por Guillermo Ángulo, quien acompañó al poeta en la visita al lugar de las formaciones geológicas cerca de Cúcuta. Las imágenes de este lugar y el lugar mismo son reseñadas, por Valencia Goelkel y muchos otros críticos literarios, como una fuente primordial que hizo surgir en el vate la necesidad de configurar poéticamente esa realidad y esa naturaleza árida y rocosa.

En el estudio de la relación del plano formal con el de la significación, se podría esbozar perfectamente un estudio sobre esas imágenes fotográficas que acompañan el texto poético y ver cómo se complementan y enriquecen ambas producciones semióticas en el extenso poema titulado Estoraques. Es evidente que para este tipo de análisis, los aportes de la semiótica de la imagen, de las figuras retóricas y de la sintaxis figurativa serán imprescindibles, ya que permitirán establecer hasta qué punto lo que está escrito de manera poética alimenta lo representado a través de las imágenes. Sin embargo, como se ha aclarado en diferentes momentos, ésta no es la preocupación principal y el análisis se centrará solamente en el texto poético, sin tener en cuenta esas fotos. La articulación imagen y palabra podría ser una continuación de la presente investigación.

Por otro lado, el poema inicia con tres epígrafes, que se convierten en unas invitaciones formales para leer a Ageo, uno de los profetas menores, así como a los poetas Thomas Stearns Eliot y Octavio Paz, específicamente las obras La tierra baldía y El cántaro roto, respectivamente. Esto llevaría a enriquecer, una vez más, el análisis intertextual dentro del cual estas obras permitirían develar más el hermetismo que circunda el objeto de estudio y sobre lo que el prologuista de Estoraques ha enfatizado.

Como se puede apreciar, el análisis semiótico sobre el elemento temporal que está presente en esa obra poética requiere de un exigente, arduo y gran compromiso para rastrear esa gran isotopía que es el tiempo que, para el profesor Jacques Fontanille, es la recurrencia intencional de un contenido semántico [26] y que conlleva “cada una de las líneas de lectura que impone el texto” [27].


BIBLIOGRAFÍA

BLANCO, Desiderio. Vigencia de la semiótica. [En línea] (Página consultada el 10 de enero de 2008).

COTE LAMUS, Eduardo. Estoraques. Bogotá: Ediciones del Ministerio de Educación, 1963.

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Notas:

[1] GREIMAS, Algirdas-Julien y COURTÉS, Joseph. Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje. Madrid: Editorial Gredos, S. A., 1990, p. 372.
[2] RICOEUR, Paul. Del texto a la acción. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina, 2006, p. 128.
[3] COTE LAMUS, Eduardo. Estoraques. Bogota: Ediciones del Ministerio de Educación, 1963, p. 93.
[4] GREIMAS, Algirdas-Julien y COURTÉS, Joseph. Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje. Madrid: Editorial Gredos, S. A., 1990, p. 410.
[5] LOTMAN, Iuri M. La semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto. Madrid: Cátedra, Frónesis y Universidad de Valencia, 1996, p. 82-87.
[6] Ibíd., 97.
[7] ECO, Umberto. Los límites de la interpretación. Barcelona: Editorial Lumen, S. A., 1992, p. 41.
[8] PABÓN HERNANDEZ, Juan. Una mirada al tiempo. Cúcuta: Universidad Francisco de Paula Santander, 2000, p. iv.
[9] RICOEUR, Paul. Del texto a la acción. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina, S. A., 2006, p. 140.
[10] RICOEUR, Paul. La metáfora viva. Madrid: Editorial Trotta, S. A.,2001, p.106.
[11] Ibíd., 109.
[12] Ibíd., 113.
[13] Ibíd., 117.
[14] DORFLES, Gillo. El intervalo perdido. Barcelona: Editorial Lumen, S. A., 1984, p. 107.
[15] LAKOFF, George & JOHNSON, Mark. Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Ediciones Cátedra, S. A., 1991, p. 24.
[16] Pabón HERNÁNDEZ, Juan. La Sombra de Cote. Cúcuta: Talleres Gráficos de La Opinión, 1992, p. 65.
[17] ECO, Umberto. Los límites de la interpretación. Barcelona: Editorial Lumen, S. A., 1992, p. 249.
[18] Ibíd., 161.
[19] Ibíd., 175.
[20] RICOEUR, Paul. Tiempo y narración I. México, D.F.: Siglo XXI Editores, S. A., 2000, p. 113.
[21] GREIMAS, Algirdas-Julien y COURTÉS, Joseph. Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje. Madrid: Editorial Gredos, S. A., 1990, p. 23.
[22] Ibíd., 270.
[23] COURTÉS, Joseph. Análisis semiótico del discurso. Madrid: Editorial Gredos, S. A., 1997, p. 353.
[24] FONTANILLE, Jacques. “Semiótica de los textos y de los discursos (método de análisis)”. En: MUCHINELLI, Alex (sous la direction). Dictionnaire des méthodes qualitatives en sciences humaines. Paris: Armand Colin, 2004. [Traducción de Horacio Rosales, marzo 2007, p. 5].
[25] MUKAROVSKÝ, Jan. Signo, función y valor. Santafé de Bogotá: Plaza & Janés, Universidad Nacional de Colombia, 2000, p. 88.
[26] ECO, Umberto. Signo. Bogotá: Editorial Labor, S. A., 1994, p. 22.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ya es hora de pensar en Eduardo Cote Lamus y en la poesía cucuteña.