miércoles, 16 de abril de 2008

ANÁLISIS SEMIÓTICO DE UN TEXTO (FICHA TÉCNICA)

Matthew Barney en prueba de maquillaje para la serie de vídeos
The Cremaster, 2005 (fuente: http://2.bp.blogspot.com)


LOUIS PANIER, 2003

El presente texto es una especie de pequeño manual para orientar el proceso de análisis semiótico de textos (en principio, literarios). Traducción libre con fines educativos de Horacio Rosales. El documento original en francés puede ser leído en el Portal de la Universidad de Lyon:
http://lesla.univ-lyon2.fr/IMG/pdf/doc-232.pdf

Preliminares

1. El proyecto de la semiótica consiste en describir el sentido. Los textos son manifestaciones de sentido y han sido hechos para ser leídos.

2. Antes de analizar, es indispensable leer (y releer) el texto. La primera lectura busca obtener una percepción global del texto y de su contenido.

3. Un texto reposa sobre una lógica: él es una construcción (es más un “monumento” que se visita y menos un “documento” de información). Leer, en semiótica, consiste en buscar la ley de ese ensamblaje de sentido (una coherencia de significación). Esta ley es semiótica, porque es una ley de construcción de sentido (y no una regla lingüística de acomodo de palabras o de frases, ni una regla de organización de los estados de las cosas, de los “hechos” representados, lo que involucraría sólo a nuestra “enciclopedia”). Existe, para el analista de la semiótica, una tensión entre el saber común y lo que el texto dice efectivamente, así que lo que le interesa es la “puesta en discurso del sentido”.



4. La semiótica literaria no da recetas para leer los textos o para descubrir automáticamente “el” sentido de un texto. Ella es una teoría de la significación puesta en discurso, provee las categorías descriptivas y elementos metodológicos. Pero son necesarios los lectores que se arriesgan a leer y verifican (y validan) semióticamente sus lecturas.

5. La presente ficha técnica no es una receta, sino una serie de indicaciones prácticas que conciernen a la lectura semiótica: ¿qué buscar en el texto?, ¿cómo establecer los niveles coherentes de observación?, ¿cómo dar cuenta de lo que se observa?, ¿qué preguntas plantear?, etc.

¿Qué buscar en el texto?

La significación del texto se organiza en el entrecruzamiento de dos líneas y de un eje: una línea llamada “discursiva” y una línea denominada “narrativa” (se habla también de “planos” o de “niveles”) y un eje “enunciativo” donde se inscriben las relaciones entre las instancias de producción y de recepción del texto, así como la proyección de ellas en el texto. El análisis se puede orientar por niveles:

1. ¿De qué manera el texto pone en “escena” a los actores en situaciones de espacio y tiempo? ¿Cómo la “puesta en discurso” o la disposición de tales elementos figurativos en el texto organiza la significación, la “forma del contenido”? La descripción de tales recorridos figurativos y el rol de ellos en la organización del sentido se denomina análisis discursivo.

2. ¿De qué manera las situaciones (estados) y las transformaciones (acciones) en que están implicados los actores son agenciadas en el texto? Este agenciamiento de los estados y de las transformaciones organiza también la “forma del contenido” y su descripción depende de un análisis narrativo. En este nivel se podrán determinar las relaciones entre los sujetos, entre éstos con los objetos y los sistemas de valores que sostienen el entramado del relato.

3. ¿Cómo el texto pone en escena (en discurso) y cómo representa las instancias y las operaciones de enunciación (toma de palabra, interacción, dispositivos de interpretación)?, ¿qué roles y qué funciones da a ellos? El reconocimiento de estos fenómenos depende del análisis de la enunciación enunciada.

Estos niveles y el eje de construcción y de articulación del sentido representan, para el trabajo de análisis, las posibles formas de entrar en la investigación: según los textos, será más fácil distinguir los agenciamientos de acciones, de transformaciones de estados o será más evidente distinguir las correlaciones (diferencias, oposiciones, correspondencias) entre los actores, los lugares o los tiempos o será posible describir, de manera inmediata, los juegos de enunciación en la toma de palabra y la intersección de los puntos de vista. En todo caso, la consigna es la misma: distinguir los agenciamientos del sentido, organizar de manera coherente las diferencias para describir la regla. Presentamos aquí las principales preguntas para cada uno de los niveles de análisis.

A. Para el análisis narrativo

1. En este nivel vamos a considerar al texto desde el punto de vista de la secuencia de acciones: a) las series de estados y de transformaciones (secuencias narrativas); b) las posiciones (funciones) narrativas de los personajes (roles actanciales); c) los entramados de las transformaciones (objetos-valores), a saber: objetos de la carencia, deseados, buscados, descubiertos, etc., y los sistemas de valores que ellos articulan.

2. De la primera lectura del texto resulta una hipótesis global (necesariamente provisional y discutible) sobre los entramados del texto (situación inicial y final, actuación o performance que se debe efectuar, objeto-valor que se promueve o se adquiere, transformación principal realizada…). El análisis narrativo consiste en poner orden en esta hipótesis, en proporcionar un modelo riguroso para poder verificarla, validarla a partir del texto mismo y para transformarla si es necesario.

3. La estructura narrativa se elabora a partir de una actuación principal, de una acción alrededor de la cual parece anudarse la transformación de la cual da cuenta el relato. Alrededor de ese “pivote” central, se hace el intento de organizar una representación (un modelo) lógico del relato. Cada actuación o performance puede dar lugar a una secuencia narrativa compuesta de la siguiente manera: manipulación → competencia → actuación → sanción.

La actuación realizada presupone una competencia adquirida por parte de un sujeto operador. Ella presupone, igualmente, que el sujeto operador ha sido investido para la realización de la acción (“manipulación”). La actuación cumplida debe ser validada, es decir, verificada, evaluada y sancionada. Un programa narrativo (PN) está constituido, entonces, por esas cuatro fases lógicamente articuladas.

En los relatos que analizamos, esas cuatro fases no se manifiestan siempre en ese orden; ellas no son « contadas » necesariamente en el orden del esquema expuesto, de modo que el PN es una construcción del análisis para dar cuenta de la organización semiótica subyacente en el texto.

Conviene, en la descripción, respetar los diferentes niveles de acción, la jerarquía de las actuaciones realizadas (existe un programa principal y existen los programas de uso subordinados al programa principal). Esta representación jerárquica y lógica del contenido narrativo permite definir con precisión las unidades narrativas y describir la regla o la ley de organización narrativa del texto que se analiza.

Es necesario ser riguroso en el análisis de los diferentes niveles y no confundir los planos; igualmente, no se deben poner juntas, por ejemplo, la competencia perteneciente a una secuencia x con la sanción de una secuencia y. Lo más simple, para no equivocarse, es ubicar cada secuencia de acción en el marco de la actuación que la caracteriza. Podemos recordar aquí un principio fundamental de la semiótica: los elementos singulares adquieren sentido a partir de su lugar en un conjunto (sistema o estructura). Lo “global” rige lo “local”. El análisis semiótico consiste en proponer un modelo (una representación coherente) de este conjunto global a partir del cual cada uno de sus elementos constituyente se dota de sentido.

4. Para cada una de las secuencias narrativas, y para la globalidad del relato, los diferentes elementos del texto (actores, objetos, acciones) deben encontrar su lugar dentro de esta esquematización global y desde la cual será posible decir cuál es la función (rol) de cada uno de ellos en el conjunto narrativo; es decir, cuál es la significación de cada uno de esos elementos. No debe confundirse el personaje con el rol que él juega en la acción: un personaje puede desempeñar muchos roles y un mismo rol puede ser desempeñado por varios personajes. La articulación de roles asegura la coherencia narrativa.

5. Para el trabajo de descripción, se pueden utilizar, pero sin abusar, las transcripciones o las fórmulas semióticas, en la medida en que ellas obligan a precisar y a clarificar la lectura y los datos en observación. Una transformación de estados se escribe así: F(Sop) (S O) → (S O), Sop representa el rol del sujeto operador, S representa al sujeto de estado, O representa el objeto (el objeto faltante y luego adquirido); representan las relaciones de disyunción y de conjunción entre el sujeto y el objeto-valor. Cada enunciado narrativo puede ser objeto de una transcripción de este tipo.

6. Esas fórmulas son útiles para obtener rigurosos puntos de comparación entre los elementos (los sujetos, los objetos, las relaciones entre ellos) y para precisar sus lugares respectivos en el conjunto narrativo. Pero la lectura semiótica de un texto no puede reducirse a una aplicación de la fórmula.

7. Así, el análisis se ocupará de los roles actanciales de los actores (es decir, de la función que ellos ocupan) en las transformaciones narrativas:

a. Los destinadores (o el rol de aquel en nombre de quien o a partir de quien se efectúan las transformaciones): se trata del iniciador del programa por cumplir y el garante de los valores que se ponen en juego. El rol del destinador aparece: i) en la fase de la manipulación, cuando el destinador hace hacer algo (la actuación) a alguien (el sujeto operador) para alguien (el sujeto de estado): él “lanza” el programa y establece el sistema de valores; ii) en la fase de la sanción, cuando el destinador interpreta y evalúa la actuación realizada (acción, resultados, sujeto operador, medios, etc.) en función de su sistema de valores y atribuye (porque reconoce al sujeto operador) los objetos-mensaje.

b. Los sujetos operadores o sujetos del hacer (quienes realizan la transformación) y los sujetos de estado (sobre quien o para quien se realiza la acción). Con respecto de los sujetos operadores, el análisis se interesa en su estatuto modal: ¿dónde están ellos en relación con el deber-hacer, el querer-hacer, el saber-hacer y el poder-hacer?

8. En las diferentes secuencias narrativas, se intentará describir con precisión el tipo de actuación que ocurre: atribución, desposesión, renunciación (que son las diferentes formas de transmisión del objeto). En la actuación o performance siempre está implicada, en efecto, la relación entre un sujeto y un objeto. Esta relación (S → O), y sus transformaciones posibles, es, en cierto modo, la matriz de la organización narrativa en la semiótica clásica.

9. Para precisar los elementos de descripción narrativa, se observará minuciosamente el estatuto de los objetos puesto en marcha en las transformaciones. Aquí se denomina objeto a un actante puesto en relación (de conjunción, de disyunción o de búsqueda) con un sujeto (S → O). El análisis debe ser cuidadoso para no confundir las funciones de los objetos. En un texto, el objeto puede aparecer con la figura de un elemento material (por ejemplo, un automóvil), de un personaje (por ejemplo, una princesa) o de una entidad abstracta (por ejemplo, la libertad). Lo que importa es la relación entre el objeto y el sujeto, así como el valor conferido al objeto. Éste puede jugar el rol de: a) objeto-valor, objeto principal de la búsqueda (por ejemplo, /libertad/, /riqueza/, etc.); b) objeto-modal u objeto necesario para la realización de la búsqueda (objeto correspondiente a un poder-hacer o a un saber-hacer y que puede manifestarse a través de diversas figuras); c) objeto-mensaje u objeto que funciona como un signo (corona, festín, la mitad del reino, etc.) y en el que se manifiesta el reconocimiento del sujeto-operador en el momento de la sanción; d) finalmente, tenemos el objeto que se define por el valor que representa para un sujeto; este valor se situará en un sistema de valores que es posible representar con un cuadrado semiótico.

Estas notas, en esta primera parte, proporcionan un « catálogo » de preguntas para no olvidar demasiadas cosas en la observación del contenido narrativo de un texto. Un texto particular no responderá necesariamente a todas estas preguntas. Para la restitución del análisis narrativo, conviene partir de la globalidad del texto y del sistema de valores alrededor del cual se organizan los programas (que buscan la realización del valor-propositivo llamado también valor- eufórico) y los anti-programas (que buscan la neutralización del PN positivo y la realización de un PN negativo llamado disfórico). La estructura polémica (PN/Anti-PN) está en el basamento de la lógica narrativa.

Según el objetivo que se proponga en el análisis narrativo, y según la naturaleza de los textos que se estudian, se podrá insistir sobre uno u otro aspecto de este nivel componente del texto: a) interesarse en las secuencias de acción; b) interesarse en el estatuto de los sujetos, en los tipos de modalidades que los caracterizan y en las transformaciones realizada en ese plano; c) interesarse en los objetos-valor y en los sistemas de valores que parecen sostener la organización narrativa del texto.

B. Para el análisis discursivo

En el nivel discursivo, se observa cómo los elementos narrativos se manifiestan en el texto, cómo ellos son asumidos por el lenguaje; en suma, cómo ellos son “puestos en discurso”. Se puede comenzar el análisis por observaciones narrativas o por observaciones discursivas, pero es necesario tener presente que las dos “lógicas” están en actividad dentro de todo texto. Estas dos líneas de análisis constituyen dos entradas posibles para desarrollar la investigación semiótica.

Como discurso, todo texto se presenta como un agenciamiento de magnitudes figurativas (figuras) desplegadas sobre itinerarios figurativos. El análisis consiste en: a) determinar esas magnitudes figurativas; b) hacer un seguimiento de los itinerarios sobre los cuales el texto ha dispuesto esas figuras; c) calcular las relaciones semánticas entre esas figuras; d) reconocer y denominar los valores temáticos de las figuras puestas en discurso en el texto que se analiza.

1. Reconocer las figuras: las figuras son unidades del contenido. Somos capaces de reconocerlas en un texto, independientemente de las palabras que las expresan (plano de la expresión). El reconocimiento de las figuras, y de sus posibilidades de sentido, proviene de lo que ya hemos encontrado en otros discursos (literarios, académicos o cotidianos), en los cuales ellas se encuentran individualizadas y cargadas de sentido (interpretadas). El análisis discursivo convoca, así, nuestro conocimiento del mundo y de otros textos, a nuestra capacidad de sostener y leer discursos: podemos reconocer como elementos figurativos a un caballo, un hada, un paraguas, la cólera, los celos, etc., porque sabemos (y decimos) de ellos, sea por nuestra experiencia o por haber escuchado hablar de ellos. Las figuras pertenecen, antes que nada, a nuestra enciclopedia común (y/o personal), a nuestro saber y a nuestra práctica con el lenguaje.

Las magnitudes figurativas tienen una función descriptiva (referencial) gracias a la cual los textos nos proporcionan la representación de un mundo (real o ficticio): todo discurso habla “de algo”. Sin embargo, la semiótica se interesa en la función temática de las figuras; es decir, en la manera singular en que ellas son agenciadas en un texto dado, por el modo en que ellas son, en consecuencia, interpretadas.

Existe una forma discursiva del contenido semántico que el análisis busca describir. Todo análisis semiótico conduce a calcular la tensión entre la función referencial de las figuras y las funciones semánticas de éstas.

2. Clasificar las figuras: Para clasificar las magnitudes figurativas, se distinguirán tres dimensiones: actorial, espacial y temporal del plano figurativo. Actores, espacio y tiempo son las categorías figurativas fundamentales. No es suficiente con elaborar una lista de personajes, de las indicaciones de lugares y de tiempos; hace falta observar les dispositivos figurativos, las relaciones, las articulaciones que el texto anuda entre sus figuras:

· Articulación de actores: este procedimiento permite precisar los tipos de actores y de encontrar por qué razón un actor se encuentra inscrito en un texto; por ejemplo, un rey y su hijo, una viuda y sus dos hijas o una pareja sin hijos, pero con un paraguas… Cada actor tiene sentido en la relación con otros actores. De esta manera, se podrá definir el rol temático de cada uno de ellos.

· Articulación de los lugares en el espacio del discurso: es necesario observar cómo se organizan los lugares y cómo el texto construye entre ellos diferencias significantes. A partir de la articulación de los lugares, se busca determinar las oposiciones y las diferencias de sentido. Es indispensable ver, igualmente, si el texto establece una estructura particular del espacio. Existe una “topología” figurativa del texto que no corresponde a la “geografía”. No será beneficioso contentarse con determinar los “lugares” del relato, es necesario describir la forma del espacio.

· Articulación de la temporalidad en el discurso: los diferentes momentos del relato (progresión, vuelta al pasado, evocación del porvenir) son susceptibles de ser considerados como elementos de la forma del contenido. No es suficiente con determinar las figuras del tiempo (días, meses, invierno, crepúsculo, etc.) o el tiempo de los verbos; es necesario describir la estructura de la temporalidad en un texto.

· Con respecto de los lugares y de los tiempos, será necesario tener en cuenta la aspectualización o los asuntos relacionados con la proximidad o la distancia, el comienzo o el final, la duración, la puntualidad de los procesos, etc. Por regla general, conviene prestar una perspicaz atención a las diferencias y distancias, a las transformaciones aspectuales y será necesario preguntarse sobre qué registro las figuras son puestas en relación y son comparables (isotopías), además, debe analizarse sobre qué rasgos consisten las diferencias encontradas. De este modo, se podrá precisar el valor temático de una figura (es decir, la significación de ella lleva en el texto particular que se analiza). Pero debe tenerse muy presente que este valor temático particular no corresponde a la definición del diccionario porque cada texto utiliza, de manera particular, las figuras tomadas de las configuraciones comunes y corrientes. No se puede saber a priori qué uso dará un texto a la figura “palacio”, “tren”, “puerta”, etc.

3. Recorridos figurativos: Para precisar la observación y el análisis de las figuras, se hace un seguimiento de cómo se encadenan las figuras en el texto. Estos encadenamientos, propios de cada texto, constituyen los recorridos figurativos.

a. Cada secuencia del texto (escena o situación discursiva) corresponde a una organización relativamente estable de actores en un marco espacio-temporal. Se cambia de secuencia cuando uno de esos parámetros se modifica. En una secuencia dada, una figura de actor, de espacio o de tiempo se encuentra contextualmente definida y cualificada de manera particular. Por ello, se plantean, durante el análisis, las siguientes preguntas: a) ¿qué dice el texto de esta u otra magnitud figurativa?; b) ¿qué, según el texto, es pertinente para definir esta magnitud figurativa?; c) en una secuencia dada, ¿se pueden caracterizar los registros y los valores de sentido que están en juego a partir de la organización de diferentes figuras (actores, espacios, tiempo)?

b. De una secuencia a la otra, los elementos figurativos ven la modificación de su contexto. En el conjunto del texto existe un recorrido figurativo para un actor específico, para un objeto u otra magnitud figurativa. Se pueden determinar las transformaciones discursivas de una figura. Para ciertos textos, esta observación es interesante cuando la figura parece registrar todos los efectos de las operaciones discursivas.

4. Narrativo/ Discursivo: todo texto se organiza a través del entrecruzamiento de dos líneas, una narrativa y otra discursiva. Pero estos dos planos de organización del contenido no se superponen: la organización discursiva de las figuras no recubre perfectamente la organización narrativa de las acciones y de los roles. Determinando estas diferencias se toma conciencia de la importancia de la puesta en discurso: puede suceder que el texto se detenga cuando el escenario o la intriga que se había elaborado en una primera lectura no ha terminado (por ejemplo, lo que se preveía, como actuación principal o performance principal no es contado); puede suceder, igualmente, que el discurso continúa más allá del recorrido narrativo que el lector había imaginado e, incluso, pueden suceder fenómenos de encabalgamiento de un relato con otro, variaciones de “puntos de vista”, etc.

Todos estos fenómenos derivan de la puesta en discurso del relato (discursivización) y muestra que el agenciamiento de las figuras en un texto obedece a condiciones propias (que no son las mismas de la lógica del relato y que frecuentemente son más complejas que ésta). Estas imposiciones provienen de la enunciación o del acto de discurso, de la puesta en actividad del lenguaje por parte de un sujeto. Es importante, durante el análisis, no pretender reducir las diferencias: es mejor reflexionar en los efectos de sentido que ellos producen en el lector. Todo sucede como si la lógica narrativa nos reenviara a la apariencia de una intriga (esquema narrativo) y a la forma de una lógica elemental (cuadrado semiótico), mientras que la organización discursiva del texto nos reenvía a las posibilidades de la lengua y a la capacidad que una persona (autor y/o lector) puede poseer para actuar con ella. Esto es justamente lo que se denomina la dimensión enunciativa del análisis del discurso que nos orienta hacia el problema del sujeto de la enunciación.

Si hablamos aquí de las posibilidades de la lengua, no nos referimos a las lenguas naturales particulares, ni a la lengua en el sentido dado por Saussure, sino de la capacidad que tienen los sujetos humanos (hablantes) para agenciar en el discurso las magnitudes figurativas, los contenidos figurativos: la lengua es, entonces, la memoria de los discursos tenidos previamente y la promesa de los discursos posibles. Todos los textos cuentan algo, pero por medio de la puesta en discurso, ellos “enuncian”. Como lectores activos en este trabajo de agenciamiento de las figuras, ponemos en marcha la enunciación.

C. La dimensión enunciativa

Todos los textos que analizamos son discursos producidos, son enunciados y, en tanto que productos, presuponen las condiciones de producción (o de comunicación) cuyo análisis depende de las disciplinas de la información y de la comunicación. En tanto que son recibidos por alguien, esos discursos tienen efectos sobre sus lectores (auditores). El análisis de éstos depende de disciplinas como la pragmática y la retórica. La semiótica de los discursos aborda estos problemas de manera particular: tratando la dimensión enunciativa de los textos.

Se distinguirá la enunciación principal (o enunciación enunciante) y enunciación enunciada. En tanto que producto (enunciado), el texto presupone (lógicamente) una instancia y un acto de enunciación o enunciación enunciante. Pero esta instancia y este acto no son directamente observables en el texto o, mejor, no se encuentran sino elementos de enunciación enunciada. En los textos, se observarán los dispositivos enunciativos (tomas de palabra, intercambios, discursos indirectos, etc.) que pueden ser analizados:

a. Por una parte, como programas narrativos particulares (esquemas narrativos y roles actanciales) de comunicación del saber, de interpretación, de persuasión, etc., que entran en el componente narrativo del texto y que establecen las figuras de actores particulares. Existe un análisis narrativo de la enunciación.

b. Por otra parte, como « proyecciones », en el texto enunciado, del dispositivo enunciativo principal: todo sucedería como si el enunciador principal (presupuesto) proyectara en el discurso a los actores y a los dispositivos enunciativos cuyo agenciamiento particular señalaría el lugar de la enunciación en el discurso. En la terminología semiótica, se designa con el término desembrague enunciativo a esta operación a través de la cual el enunciador principal (un yo-aquí-ahora fuera del texto) proyecta en el texto (enunciado) a los actores, quienes son sujetos de actos de enunciación. Se habla de embrague enunciativo cuando el enunciador principal parece “retomar el turno” en el juego de enunciaciones enunciadas, sea para manifestar un actor del tipo “yo” susceptible de representar la enunciación principal, sea para “borrar” todo trazo de la enunciación y dejar, así, que el relato se cuente por sí mismo.

El análisis semiótico de la enunciación consiste, así, en revelar, en el texto, este juego complejo de desembragues y de embragues enunciativos al tiempo que calcula sus efectos sobre la construcción de sentido y sobre la activación de lo verosímil (que es la manera en que la semiótica del discurso aborda el problema del punto de vista).

Un recorrido de análisis y de lectura

La investigación comienza, frecuentemente, por un análisis narrativo de superficie que consiste en dar forma a la intriga del texto, a eso que él cuenta; se sigue con los personajes, las situaciones y las transformaciones. El esquema narrativo (con sus cuatro fases: manipulación, competencia, actuación y sanción) es útil para “poner orden” en esta lectura del texto y para hacer aparecer las grandes articulaciones de los valores manifiestos (alrededor del programa y del antiprograma). Este primer análisis permite, también, determinar y localizar las diferencias o distancias más evidentes entre el plano narrativo y el plano discursivo. Se puede percibir, en efecto, que la hipótesis narrativa que el analista ha formulado puede estar dejando de lado algún elemento discursivo.

El análisis discursivo propiamente dicho puede seguir el siguiente recorrido: a) segmentación del texto en secuencias (o situaciones) discursivas: un determinado estado de organización de actores en el tiempo y en el espacio; b) ubicación y determinación de las isotopías y de las diferencias de significación entre una secuencia y otra; c) la puesta en forma de las principales oposiciones y de las categorías temáticas alrededor de las cuales se organiza el texto.

Al término del análisis, se podrá describir la coherencia de sentido, el contenido del texto como un todo de significación, a un universo semántico articulado (isotopías, categorías temáticas) como un dinamismo de transformación de la significación entre su estado inicial y el punto en el que la discursivización conduce al lector. Pero, al final de cuentas, quedará, posiblemente, la experiencia de la lectura y de la interpretación que el lector ha efectuado, experiencia de desplazamiento de las significaciones adquiridas, experiencia de construcción de la significación, experiencia de enunciación a partir de los juegos de desembrague y embrague enunciativos, experiencia o trabajo en el cual un lector se revela a sí mismo como sujeto confrontado a la lengua y a la actividad de ésta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas gracias por la traducción de este documento.

Mundo Digital dijo...

excelente artículo gracias, salud