sábado, 9 de febrero de 2008

SEMIÓTICA DE LOS TEXTOS Y DE LOS DISCURSOS

Souvenirs d'Egon. Arco Selas, París, 2005.

A continuación presentamos la traducción libre de la entrada « Sémiotique des textes et des discours (método d’analyse) », publicado en el diccionario, en francés: MUCHELLI Alex (directeur). Dictionnaire des méthodes qualitatives en sciences humaines. París: Armand Colin, 2a edición, 2004.

El texto que presentamos tiene como objeto exponer una aproximación a la semiótica como método de análisis de datos cualitativos y desde la perspectiva de la vertiente desarrollada por A.-J. Greimas y la llamada Escuela de París, de la cual Jacques Fontanille, el autor del artículo, es uno de los más destacados e innovadores herederos.

En este trabajo, Fontanille no sólo esclarece de qué se ocupa la semiótica y la relación de ésta con la hermenéutica, sino la relación del método de la semiótica textual con la semiótica peirceana. Los ejemplos expuestos permiten comprender la diferencia del análisis semiótico respecto del análisis estilístico, retórico, la psicocrítica y la sociocrítica.


SEMIÓTICA DE LOS TEXTOS Y DE LOS DISCURSOS
(MÉTODO DE ANÁLISIS)
Jacques Fontanille, Universidad de Limoges

El análisis semiótico de los textos (verbales, no verbales y sincréticos) parte del principio según el cual todo discurso es un proceso de significación a cargo de una enunciación y no un macro-signo o ensamblaje de signos. Desde la perspectiva de una semántica generalizada, la teoría semiótica ha sido creada para dar cuenta de las articulaciones del discurso concebido como un todo de significación. Para ello, ella dispone de un conjunto de niveles de significación que no es posible presentar aquí in extenso, pero que tratan, en lo esencial, de estructuras semánticas elementales, de estructuras actanciales, de estructuras narrativas y temáticas y de las estructuras figurativas. Se considera que cada nivel, desde el más abstracto al más concreto, está rearticulado de manera más o menos compleja en el siguiente.

Desarrollo

Así, por ejemplo, la categoría [vida/muerte] (estructura semántica elemental), será rearticulada en [conjunción/disyunción] (estructura narrativa elemental) gracias al establecimiento de la relación, en el seno de la misma categoría, de un actante Sujeto y de un actante Objeto (estructura actancial); esa misma categoría dará lugar a programas narrativos de preservación, de pérdida o de reparación (estructuras narrativas y temáticas). Estas últimas, finalmente, serán consideradas como “figurativas” desde el momento en que reciben las determinaciones perceptivas, espaciales, temporales y actorales (estructuras figurativas). Por ejemplo, la categoría [vida/muerte] puede en este nivel, en el término de su recorrido, ser manifestada como [luz/oscuridad] (percepción), incluso como [día/noche] y [verano/invierno] (temporalización).

Esta ilustración simplificada describe el proceso generativo “ascendente” de la construcción de la significación; el proceso “descendiente” puede ser abordado también, puesto que corresponde al análisis concreto que parte de las figuras directamente observables para terminar en las grandes categorías abstractas subyacentes. De este modo, partiendo de [día/noche], ocurrencia figurativa en un texto concreto, podríamos encontrar, sucesivamente, en el orden inverso: [luz/oscuridad], [conjunción/disyunción], [vida/muerte], incluso, en términos más generales, [existencia/inexistencia].

El análisis semiótico no tiene como ambición la de proporcionar la clave interpretativa de los textos; él no tiene una teoría de la intención, sino solamente una teoría de la intencionalidad, es decir, de las condiciones mínimas de la manifestación, de localización y de captación del sentido en discurso. Como aparece arriba, este análisis se esfuerza en el establecimiento de los antecedentes de una interpretación, solamente de los antecedentes, pero todos éstos, sean semánticos, actanciales, modales, aspectuales y figurativos, entre otros, desembocan en las representaciones formales de la dimensión narrativa y de la dimensión pasional del discurso y, a partir de ellos, se podrán desarrollar verdaderas “interpretaciones”, en el sentido hermenéutico.

Las formas semióticas serían, desde este punto de vista, los presupuestos formales e indiciales de los procesos interpretativos, y no el contenido mismo de las interpretaciones; por este hecho, ellas concernirían la competencia y no la actuación [performance] interpretativa. El análisis semiótico de los textos debe, sin embargo, en tanto que método, obedecer a una exigencia hermenéutica. En efecto, los diferentes modelos y niveles de análisis que él comporta (cf. supra) no tienen interés a menos que permitan construir una competencia interpretativa más heurística que la simple competencia intuitiva. Más precisamente, los cálculos aplicados a la estructura conceptual de la teoría, específicamente en materia de posiciones combinatorias, son susceptibles de hacer aparecer las articulaciones significantes a las cuales no se podría acceder gracias a la sola lectura intuitiva. Desde esta perspectiva, podríamos ser conducidos a no respetar, desde un punto de vista metodológico, el ordenamiento de los niveles tal como lo propone la teoría. Por ejemplo, desde los años 80, la semiótica se presenta como una “ciencia de axiologías”, o más modestamente, como un método de análisis del valor discursivo. De hecho, el análisis semiótico de los textos, nacido del análisis estructural de los relatos (desarrollado por Propp y luego por Greimas), se presentó en sus inicios como una “morfología” estructural de textos narrativos, pero progresivamente se fue recentrando sobre las diferentes captaciones posibles de la axiología: captación sensible y perceptiva, captación cognitiva y ética, captación estética y figurativa, etc.; por ello, la semiótica discursiva se ha convertido poco a poco en una teoría (tipológica y sintáctica) de la circulación de los valores en el discurso: condiciones mínimas de actualización de los valores, modalidades de inscripción de los valores en el texto, procesos de construcción, de destrucción y de intercambio de valores, la manifestación enunciativa y pasional de los valores. Desde ahí, la semiótica discursiva de hoy, particularmente más interesada en el análisis de la percepción, de las manifestaciones emocionales, de la enunciación y de los fenómenos de tensión discursiva, se orienta más bien hacia la descripción de la dimensión pasional sobre el fondo de las lógicas de la acción.

Pero, por otra parte, el análisis modal y aspectual parece ser hoy una entrada particularmente heurística, dado que él da acceso directo a la mayoría de los otros niveles de análisis. En efecto, él ofrece de antemano una definición más amplia y más pertinente de la intencionalidad discursiva. El análisis narrativo de los pasados años 70 caracterizaba a la intencionalidad discursiva como la tensión orientada que une un estado inicial a un estado final de transformaciones (sobre este aspecto, consúltese el “esquema narrativo canónico” de Greimas). La semiótica concibe hoy esta misma intencionalidad como la tensión orientada entre dos instancias modales, entre un “querer” y un “hacer”, entre un “deber” y un “creer” o, en términos más generales, entre dos modos de existencia; por ejemplo, entre un modo virtualizado y un modo actualizado, o entre un modo potencializado y un modo realizado.

Además, el análisis modal y aspectual da acceso a las estructuras actanciales, concebidas a la vez como estructuras de recepción para la modalización (modalización del Sujeto, del Objeto o del Destinador) y como las estructuras agonales (Sujeto/Antisujeto, Destinador/Antidestinador). En efecto, captar un proceso desde el ángulo de su modalización (por ejemplo en: “Hay que pasar a nado el río”), es abordarlo, de golpe, desde la perspectiva de una relación polémica, donde se enfrentan las fuerzas favorables y las fuerzas desfavorables a su realización: en el caso, “hay” no puede ser actualizado sino por oposición a un “querer” o a un “poder” que actúa en el sentido contrario. Desde esta mirada, las modalidades expresan los desequilibrios positivos o negativos de las relaciones de fuerzas subyacentes, al mismo tiempo que manifiestan la tensión entre un proceso virtual o potencial y su realización.

En fin, las modalidades constituyen una de las entradas mayores en la dimensión pasional del discurso: los “estados de ánimo” de los sujetos semióticos no se forman a partir del proceso en sí mismo (“atravesar” no suscita en sí mismo un efecto pasional), sino a partir de las captaciones modales y aspectuales a las cuales el proceso mismo es sometido: “hay que” (deber), “a nado” (poder) y el eventual “querer” subyacente, específicamente en sus interacciones discordantes o conflictivas, determinan los “roles patémicos” del sujeto; “ponerse a”, “llegar a”, “continuar” o “dejar de atravesar” (captaciones aspectuales) son otra fuente, complementaria, de las captaciones modales, de las tensiones pasionales.

La confrontación con las otras aproximaciones de los mismos objetos, textos, discursos verbales y no verbales esclarece de manera singular el estatuto hermenéutico del análisis semiótico. Primeramente, se impone una proximidad con la teoría peirceana. En efecto, el “recorrido generativo” esbozado de la manera como se ha hecho aquí tiene cierto parentesco con el “recorrido interpretativo” peirceano: tanto en un caso como en el otro, un encajamiento de modelos semióticos determina un recorrido entre diferentes niveles (o instancias de discurso) de la captación de la significación en el texto. Pero, mientras que todas las etapas del recorrido interpretativo peirceano se caracterizan como “signos”, o como aglomerados de “signos”, cuyas diferencias reposan sobre sus modelos de significación respectivos (analógicos, indiciales, convencionales, etc.), las etapas del “recorrido generativo” se presentan, todas, como modelos susceptibles de dar cuenta cada vez de la totalidad del discurso, pero con grados de abstracción diferentes y siendo siempre el modo de significar globalmente constante. En efecto, para el análisis semiótico del discurso, la pregunta sobre la semiosis (la puesta en relación entre los componentes del signo) no se hace sino globalmente, dado que se presume que ella reúne un “plano de la expresión” y un “plano del contenido” del texto entero, y no en cada una de las etapas del recorrido como lo hace la aproximación peirceana.

Grosso modo, la diferencia de perspectiva podría caracterizarse así: para acceder a una tipología fina de los “modos de significar” de los signos, habrá que renunciar a una visión de estructuras globales del discurso. Para aprehender esas estructuras de conjunto, es necesario poner entre paréntesis, provisoriamente, los “modos de significar”. Pero, por otra parte, la semiótica textual puede tomar a ambos en consideración cuando ella se esfuerza en dar cuenta del acto que realiza la semiosis, es decir, del acto de enunciación que reúne los dos planos del discurso. En la perspectiva de la enunciación se identificarán, entonces, las operaciones deícticas e indiciales, los contratos enunciativos que desembocan en las convenciones de iconicidad o de simbolización, las estrategias retóricas de la analogía, del conflicto semántico, incluso de la polifonía. Desde el punto de vista de la semiótica textual, los “modos de significar” resultan de la realización discursiva, de la instancia de enunciación y de las estrategias semióticas persuasivas, argumentativas y pasionales. Teniendo en cuenta la diversidad de otros métodos de aproximación a los textos (retóricos, estilísticos, psicocríticos, sociocríticos, etc.), la semiótica se presenta a la vez como una ganancia y un cambio de nivel de pertinencia. Aunque los ejemplos deben ser considerados con cautela, es necesario escoger uno aquí para desarrollar este punto.

Ejemplo

Sea el enunciado: “El mar rugiente desestabilizaba las embarcaciones asustadas”. La retórica buscará en él los procedimientos codificados que, a partir de la información transmitida (aquí, la naturaleza narrativa y descriptiva), hacen del enunciado un discurso que persuade, que interesa, que golpea o que gusta por su poder de “evocación de imágenes”. La retórica, reconocerá una metáfora (mar rugiente), verá la alianza entre una entidad material (no animada) y un proceso reservado a los animales (animados); también notará una metonimia (embarcaciones asustadas). La estilística encontrará materia de análisis en esas figuras de retórica para caracterizar las distancias entre un uso estandarizado y el uso marcado por un autor singular; de ahí, ella extraerá las grandes tendencias identificables en las producciones del mismo autor (por ejemplo, según nuestra muestra, la tendencia a la amplificación o la tendencia a la antropologización de los no-animados). La psicocrítica se esforzará para determinar, gracias a una red de dispositivos textuales semejantes, el movimiento y la estructura psíquica subyacentes en ese enunciado, partiendo para ello de los mismos fenómenos que las otras aproximaciones: una entidad humana, frágil y amenazada, identificada con un objeto inerte y sin iniciativa, está a merced de una entidad natural dominante y destructora, dotada, al contrario de la primera, de rasgos animales. La sociocrítica, finalmente, examinaría el lugar de esta configuración particular en una red de imágenes susceptible de caracterizar una representación ideológica de la relación entre los hombres y las fuerzas naturales, y se esforzaría por poner esta última en relación con las formaciones socio-ideológicas externas.

En cuanto al análisis semiótico, éste encontrará el conjunto de fenómenos, y sin duda algunos otros, que tratará como estructuras formales, y no substanciales, para volverlas comparables y para articularlas entre ellas, pero sin la ambición de interpretarlas. En el plano de las estructuras semánticas elementales hallará la categoría [vida/muerte], o más generalmente, [existencia/inexistencia]. En el plano de las estructuras actanciales encontrara a un Sujeto de estado (amenazado) y un Antisujeto (amenazador), el segundo esforzándose en separar (disyunción) al primero de lo que es su Objeto valor del momento (seguridad/inseguridad). El análisis semántico de la categoría [seguridad/inseguridad] revelará allí, en todo ello, la naturaleza modal, específicamente el hecho de caracterizar una condición (una modalidad) a favor del valor denominado [existencia]; en este caso puntual: un “poder existir”. De este modo, la acción del actor “mar” debe ser considerada también como modal, porque la “inseguridad” que él instala no pone directamente en duda la existencia de las embarcaciones, sino solamente la condición modal de la “seguridad”: por ello, el mar opone un “poder hacer” negativo al “poder existir” requerido. Es sobre esta última dimensión que se dibuja el efecto pasional, que no está ligado a las transformaciones de facto, sino a las tensiones modales: el efecto de “agresividad”, por ejemplo, nace del incremento de la intensidad de los dos “poderes” confrontados (“poder existir” vs. “poder hacer no existir”); el “miedo” nace, por el contrario, de la percepción de un contraste y de una tensión cada vez más grande entre esos dos mismos valores confrontados. Además, la acción del mar será captada bajo en ángulo aspectual. En efecto, no se trata solamente del valor [existencia], sino más precisamente de la “permanencia” o de la “continuación” de este valor: en consecuencia, lo que está en juego no es solamente la condición modal de la existencia, sino la condición modal de la permanencia de la existencia. Entonces, habría que mencionar esta nueva dimensión en cada fórmula modal, reemplazando “existir” por “continuar existiendo”. Pero, por otra parte, la transformación modal y aspectual en curso (negación del “poder”, suspensión de la permanencia) es ella misma captada en su fase incoativa: se trata, digamos, de “desestabilizar”, y no de hacer “hundir” o de “destruir”. Finalmente, esta fase incoativa es percibida, por el tiempo imperfecto del modo indicativo del verbo, como parte interior de un proceso que, de este modo, no es tratado como una unidad entera e indivisible, sino como un proceso analizable y susceptible de haber durado y de durar desde la perspectiva de un punto de referencia escogido por el observador-enunciador. La semiosis está cumplida, entonces, desde un punto de vista estrictamente (aunque discretamente) determinado. En fin, el análisis semiótico observará, en el plano figurativo, la presencia de dos isotopías: “marítima” (mar, embarcaciones) y “animal” (rugir, atemorizar). La primera es afectada por el clasema más abstracto [no animado] y el otro por el clasema [animado]. Se notará entonces que las figuras sintácticas retenidas operan: poniendo en tensión y en conflicto esas dos isotopías: mar/rugir y embarcaciones/atemorizar, y (ii) haciendo la transferencia de clasemas de una a otra isotopía.

Se hará intervenir, además, el clasema [humano], presupuesto por el objeto técnico “embarcación” e implicado también en la figura del “miedo”. El conjunto de operaciones concurre entonces, a lo largo de la resolución del conflicto semántico, a una sobredeterminación de la isotopía “marítima” gracias a los clasemas [animado] y [humano].

Como se ve, el análisis semiótico no se interesa más que en la elucidación de los presupuestos de las interpretaciones posibles, pero disponiéndolos a todos en un sistema único de propiedades del discurso, incluso como una estrategia coherente. Desde este punto de vista, y como su objeto es la significación, ella podría (o debería) estar en relación con todas las disciplinas provenientes de las ciencias humanas y sociales, cada vez que ellas se esfuerzan en la comprensión de la emergencia del sentido, por captar los efectos de sentido y ello no para substituirse entre ellas, sino para explicitar los presupuestos formales de esos efectos de “sentido”. Del modo en que la semiótica asegura la comparabilidad de los fenómenos de sentido abordados por las diferentes aproximaciones a los textos (cf. supra), ella está en condiciones de hacerlo también en lo que concierne a las otras ciencias humanas, porque tiene a la significación como objeto y por método la explicitación de las articulaciones inmanentes.

Bibliografía
COURTES J., Analyse sémiotique du discours. De lénoncé à l’énonciation. Paris : Hachette, 1991.
GREIMAS, A. J. et COURTES J. Dictionnaire raisonné de la théorie du langage. Sémiotique. I et II. Paris : Hachette, 1979-1986.
GREIMAS, A. J. et FONTANILLE J. Sémiotique des passions. Des états de choses aux états dâme. Paris: Seuil, 1991.
LANDOWSKI E. La société réfléchie. Paris: Seuil, 1989.
Para citar este documento:
FONTANILLE, Jacques. “Semiótica de los textos y de los discursos (método de análisis)” en: MUCHELLI Alex (directeur). Dictionnaire des méthodes qualitatives en sciences humaines. París: Armand Colin, 2a edición, 2004 [Traducción libre de Horacio Rosales disponible en línea en: http://semiouis.blogspot.com/].