lunes, 17 de diciembre de 2007

A propósito de la tipología sensorial (fragmento), por Jacques Fontanille














Aldaba, Barichara, Santander, Colombia. Foto: Gárgolo


Jacques FONTANILLE. "Modos de lo sensible y sintaxis figurativa", fragmento de traducción libre del original en francés publicado en: "Modes du sensible et syntaxe figurative" in: Nouveaux Actes Sémiotiques No. 61-63. Limoges, PULIM, 1999
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En lo que respecta a los órdenes sensoriales, la pregunta que aparece en primer lugar es la relacionada con su tipología, ya que ésta constituye un precedente del análisis. Así, para comenzar, se pregunta si la división de los cinco sentidos (tacto, olfato, gusto, vista, oído) es semióticamente pertinente, o en otras palabras, si los “órdenes sensoriales” coinciden con las propiedades del discurso que, por convención terminológica, podrían denominarse “modos semióticos de lo sensible”. Esta pregunta implica otras: ¿la división de los órdenes sensoriales puede ser recibida como un dato externo o como una reconstrucción de la semiótica dentro de una perspectiva intencional? Y, si este orden está reconstruido como una dimensión del discurso, ¿cuáles son entonces los rasgos distintivos y las propiedades sintácticas?
Por ello, indagaremos sobre la participación de la sensorialidad en la puesta en forma del discurso y, en particular, sobre la constitución de la instancia del discurso, el funcionamiento de la enunciación y la sintaxis figurativa.

En efecto, si los órdenes sensoriales son pertinentes de manera diferente, teniendo en cuanta al discurso, y si ellos determinan, cada uno, una instancia de discurso, un campo del discurso, una sintaxis figurativa, entonces será posible ocuparse de la significación de su parcelación canónica. Es probable que la respuesta conduzca a un compromiso, bajo la forma de una superposición de tipologías (actanciales, modales, topológicas, etc.), que sobrepase y se riña con la clasificación de los cincos sentidos que la tradición nos la ha legado. Sin embargo, y sin importar cual se la respuesta, nosotros no tendremos la audacia de Merleau-Ponty, quien ignora resueltamente esta tipología heredada; nosotros no tendremos tampoco la ingenuidad de pensar que el acercamiento semiótico debería tomarla por lograda, esforzándose solamente de “fundamentarla”.
Pero esta reflexión presupone otra distinción previa. En efecto, hablar del rol de la sensibilidad en la puesta en forma del discurso no es invocar la sustancia de su expresión, mucho menos convocar al canal sensible por el cual son tomadas las informaciones semióticas –en el sentido en que se dice que de las imágenes provienen de una semiótica visual. Se trata, en la ocurrencia, no del canal sensorial receptor, sino de la contribución de la sensibilidad a la sintaxis discursiva (y principalmente en la sintaxis figurativa), contribución que es en general polisensorial y sinestésica. En otras palabras, se apunta aquí a la dimensión polisensorial de la significación y de la enunciación (tanto en la producción como en la recepción) y no la manera en que las informaciones son tomadas en el mensaje. Volveremos sobre este asunto.
Cuando la semiótica se encuentra frente a una tipología heredada, como una tipología de géneros, de discursos o, aún, una tipología de pasiones, por ejemplo, la considera como una clasificación socio-histórica o, lo que es lo mismo, como el producto de una praxis y de usos diversos. Propone, en general, retomar el asunto sin hacer suya la tipología heredada de los usos de la historia. Es, en el fondo, el principio mismo del paso de los lexemas a los sememas en la semántica estructural de Greimas.
Además, en la mayor parte de los casos, la semiótica trata este tipo de problemas por medio de una respuesta de tipo sintáctico: a las clasificaciones del discurso fundadas sobre criterios socio-históricos, opone la variedad de sintaxis discursivas. Por ejemplo, a las clasificaciones arborescentes de las pasiones que proponen la tradición filosófica, la semiótica opone la diversidad de sintaxis pasionales, pero igualmente la posibilidad de construir el esquema general de esta sintaxis. Pero cuando se trata de los órdenes sensibles existe una triple dificultad.
En primer lugar, difícilmente se puede atribuir esta clasificación a usos socio-históricos: esta clasificación, en efecto, está biológicamente probada y determinada por una especialización de cada uno de los órganos de los cinco sentidos; el problema se desplaza entonces, y estamos llevados a preguntarlo, (versión pesimista) si esta especialización tiene la menor pertinencia semiótica; es decir (versión optimista), bajo qué titulo puede ser considerada como intencional. O mejor, esta intencionalidad no puede ser apreciada ni en plano de los grupos y comunidades culturales ni, a fortiori, en el de los individuos; a lo sumo, puede ser interrogada con respecto de toda la especie humana y de la constitución de los lenguajes en general.
En segundo lugar, las investigaciones neurocognitivas más recientes acuerdan en reconocer una integración muy fuerte en el tratamiento cerebral de las informaciones sensoriales; o sea, si los cinco sentidos son biológicamente diferenciados en zonas especializadas del contacto sensible con el mundo, la explotación de los estímulos sensoriales en las capas y relaciones neuronales es de entrada pluri/multi-sensorial o proto-sensorial. Si la pregunta sobre la distinción de los órdenes sensoriales permanece pertinente es porque ella diferencia nuestra relación con el mundo natural; pero para responderla no basta con explicar el tratamiento neuronal de la información sensorial y, menos aún, la significación del universo sensible.
En fin, la respuesta de tipo sintáctico es factible, pero se encuentra por inventar. En efecto, los esquemas narrativos y discursivos disponibles son, mayormente, inadecuados para una respuesta de este tipo. Por ejemplo, reconstruir el esquema narrativo de una búsqueda sensorial no procurará información útil sobre la manera en que la sintaxis propiamente sensible estructura al discurso. Pretender que la puesta en escena discursiva de la sensibilidad obedece a un esquema narrativo canónico sería admitir que la sintaxis de las formas sensibles es inapropiada para construir una dimensión autónoma del discurso y prestar, a la experiencia sensible, una significación que pertenece a la dimensión narrativa: faltaría por inventar una lógica de la sensación al lado, específicamente, de la “lógica” de la acción.
Sin embargo, esto no impide (más bien al contrario) conjugar estas dos lógicas del discurso; como sucede frecuentemente en Proust, por ejemplo, la búsqueda sensorial entra en conflicto, negociación y en colaboración con la sintaxis de lo sensible. Así, desde un punto de vista heurístico, parece más provechoso postular, desde el principio, una relativa independencia de la sintaxis sensorio-figurativa del discurso en lugar de atribuirle, de entrada, las propiedades de una sintaxis narrativa.
El problema planteado tiene también una dimensión metodológica. En efecto, cuando la semiótica se ha ocupado desde hace poco por la diversidad de los modos de lo sensible, ha reenviado directamente dicha diversidad al plan de la expresión, considerando específicamente a estos diversos como los del canal de recepción; enseguida, la semiótica se ha desplazado el acento sobre las formas del plan del contenido. Los diversos modos semióticos del plan de la expresión no aparecen entonces sino al final de la cadena, cuando las estructuras de contenido están establecidas y no se puede saber sobre en qué contribuyen ellos específicamente en la formación de los discursos.
De la misma manera, cuando varios modos semióticos de lo sensible cohabitan en el mismo discurso, se declara que se trata de una semiótica sincrética y se afirma, muy frecuentemente, que, por razones de método, el sincretismo en cuestión no puede ser resuelto sino comenzando el análisis por el plan del contenido. Esta operación vale, a lo sumo, como aplicación de un postulado de coherencia: se supone que una semiótica sincrética es si de ella se puede construir la significación. De ahí resulta que de todas maneras no se interroga nunca sobre la manera en la cual la sensorialidad contribuye a la puesta en forma de los lenguajes y menos, en términos más puntuales, por qué los diversos órdenes sensoriales son quienes entran en los sincretismos.
Además, este tipo de respuesta no hace sino relegar en el horizonte la investigación sobre el plan de la expresión. Se admite generalmente que el plan de la expresión procede de las semióticas del mundo natural, por lo que la construcción del plan de la expresión pasa entonces por el establecimiento de estas semióticas. Pero este problema puede ser formulado de una manera más precisa. La sensorialidad puede ser definida como un “no-lenguaje”, una semiótica monoplana en espera de una enunciación para hacer sentido; entonces, la pregunta es ¿cómo un no-lenguaje (el sabor, el tacto, el olfato, la luz…) puede participar en la formación de un lenguaje? o ¿cuáles son las propiedades morfosintácticas del plan de la expresión que le permiten ser asociadas a un plan de contenido?
En consecuencia, si los modos de lo sensible tienen un sentido será porque ellos contribuyen diferentemente y de manera contrastada en la formulación de lenguajes y esta contribución tomará la forma de una sintaxis de lo sensible. En lo que concierne al mundo natural, sería necesario revenir sobre la afirmación canónica según la cual él podría ser reducido en una “semiótica del mundo natural” (una macro-semiótica), una semiótica que resultaría, como lo proponen Greimas y Courtés, del hecho según el cual “el mundo extra-lingüístico, ese del “sentido común”, está informado por el hombre e instituido por él en significación”[1] de suerte que la referencia se define como “una cuestión de correlación entre dos semióticas (lenguas naturales y semióticas naturales, semiótica pictórica y semiótica natural, por ejemplo), un problema de intersemioticidad”[2].
Evidentemente, esta posición sin matices se explica en el contexto del debate con las teorías “referencialistas” de Ogden y Richards o de Jakobson: se trata de hacer del “referente” un problema semiótico y no una instancia extra-semiótica. Pero no es menos cierto que ella evacua de entrada el carácter semiótico (o protosemiótico) de la organización morfológica intrínseca de los estados de cosas y que hace igualmente difícil (para algunos imposible) el examen de las condiciones de emergencia de la significación a partir de lo sensible; de hecho, abordar la pregunta por el mundo natural bajo el ángulo de la intersemioticidad es considerar que el mundo natural está ya semiotizado, que él ya está constituido como un lenguaje y que desde ya le puede exponer con otros lenguajes. Esta es la razón por la cual nosotros proponemos partir de los modos de lo sensible considerados como “no-lenguajes” y por la cual no trazamos como objetivo precisar bajo qué condiciones ellos pueden contribuir a la formación de los lenguajes.
En otras palabras, debemos intentar resolver la siguiente cuestión: ¿cómo abordar globalmente la significación discursiva de la sensorialidad? Y, más precisamente, ¿cómo pasar de los órdenes sensoriales a los modos semióticos de lo sensible? Emprenderemos tres vías diferentes: 1) explorar la diversidad de los modos de lo sensible más allá de los cinco sentidos, buscando con ello despejar un núcleo central de la polisensorialidad; 2) asegurar la autonomía de la sintaxis figurativa, y 3) obtener los principios comunes de la puesta en discurso de la sensorialidad: constitución del campo sensorial, tópico y sintaxis somática.
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Notas:
[1] GREIMAS, J. – A., Joseph COURTÉS. Sémiotique. Dictionnaire raisonné de la théorie du langage, 1. Paris : Hachette, 1979, p. 312.
[2] Loc. cit.
Nota de la traducción: En otros textos sobre el mismo tema, Fontanille expresa más claramente que la preocupación de la semiótica por el cuerpo y la sensibilidad se establece por la relación u homología (paridad, similitud, correspondencia) de cada uno de los órdenes sensoriales con tal o cual propiedad del discurso (éste definido como la enunciación del objeto semiótico y, en consecuencia, el objeto de la semiótica). Cf. FONTANILLE Jacques. Soma et séma. Figures du corps. Paris : Maissoneuve & Larose, 2005.

9 comentarios:

Jean P. dijo...

Belo trabalho! Parabéns pela iniciativa! Saudações!

Anónimo dijo...

¿Dónde se puede conseguir el libro de Fontanille en español?

gabriel palat dijo...

hay un retorno al misterio de la sensibilidad desde la pregunta por la susecionn perentoria a la ecuánime tarea del viejo y ciego arte del silencio y la nadería de tantos y tantas mentes en alegre operación de instantes

jean p dijo...

Belo trabalho! Parabéns pela iniciativa! Saudações!
mais lamentao la sua tristeiza di elefantei Selas en sua pintuira eco-coprologicais

Anónimo dijo...

Buen texto, bellas imàgenes (las fotos y los trazos de tinta); quedaria agradecida si se puediera leer completo el texto de Fontanille. Gracias.

Anónimo dijo...

jean p.: la "p" debe significar la "p" envidia. rabon.

Anónimo dijo...

"Há um lugar místico em mim, algo assim bem escondido.Um planeta inexplorado, um horizonte perdido..."

Anónimo dijo...

PORQUE UNOS PROFESORES DE FILOSOFIA OPINAN QUE LA SEMIOTICA ES UNA FARSA?????
EXIJO UNA EXPLICACION. PLOP!!!!!
HABIA OIDO DE LA MAESTRA PERO EN LA ESCUELA SE BURLAN Y DICEN QUE SON ESPECULACIONES ESOTERICAS.

Anónimo dijo...

la explicación debe exigírsela a los filósofos de la uis que deben responderle (con buenos fundamentos y con profundo conocimiento de la semiótica... ¿de qué otro modo se puede juzgar?)por qué afirman esas cosas. ellos deben responder sin problema, sobre todo si son tan tolerantes y tan ciudadanos para el reconocimiento del otro, del respeto frente a las ideas y sus autores y si cumplen del ejercicio de la razón dialógica. si a usted le da miedo preguntarles a ellos tal vez sea porque ellos no son tan ciudadanos como cacarean o porque usted sabe que ellos no tienen respuesta su pregunta. en este blog no se ha dicho qué es la semiótica y esa puede ser una pregunta que usted puede hacer a los semiólogos, porque lo que pregunta hasta ahora es algo que debe preguntar a los filósofos de la uis (raras esas afirmaciones de filósofos, pero nada raras si son los de la uis).